¿Es posible reestructurar al PRI de NL antes de la elección presidencial?

No es una sorpresa para nadie que el Partido Revolucionario Institucional tenga perdido el rumbo y el liderazgo en Nuevo León, desde las alcaldías metropolitanas se maneja el Congreso y los asuntos que importan son muy domésticos desde que ganó el Gobierno Independiente de El Bronco.

Una cosa es clara, amigo lector; el PRI en Nuevo León se está recomponiendo desde Los Pinos. La llegada de Pedro Pablo Treviño a la dirigencia del partido y el nombramiento de Lorena de la Garza como secretaria general, es un intento por conciliar el rumbo del mandato presidencial con el grupo que ha estado trabajando duro localmente.

El PRI está muriendo. No es novedad, en todo el país el partido está a la baja en popularidad, en credibilidad y aceptación. Nuevo León no es la excepción aunque en la elección pasada se ganaron varias alcaldías y la mitad del Congreso, se perdió por gran margen la gubernatura.

Mucho se ha comentado ya sobre la traición del priismo en la elección que ganó Jaime Rodríguez Calderón, los “operadores” electorales del PRI se voltearon para apoyar otro proyecto y abandonaron a Rodrigo Medina a su peor suerte.

El Bronco ganó en todo el estado, pero los ciudadanos fueron tan sagaces y agudos que votaron por el PRI en Monterrey y Guadalupe, pero no apoyaron a Ivonne Álvarez. Si ganar con casi la mitad de los votos en el estado es un asunto raro, encontrar que el voto fue diferenciado es aún más extraño.

Por eso es muy claro que el enemigo del PRI está dentro del PRI y poco queda de aquel partido que ganó la elección para Natividad González Parás.

Rodrigo Medina fue perdiendo al partido, o más bien dicho, el partido fue abandonado a Medina de la Cruz en cada mala decisión, en cada derrota, en cada manotazo que dio.

Frente a la elección presidencial del 2018 la recomposición del PRI en Nuevo León es importante para evitar más traiciones, para impulsar al sucesor de Enrique Peña Nieto. Esa es la misión más importante.

Por eso es que desde Los Pinos mandan a Pedro Pablo Treviño (con la agenda que fue dada desde Secretaría de Economía), para hacer una recomposición del partido, pero ¿es posible reestructurar al PRI frente a la elección presidencial?, ¿hay tiempo?

Y de ninguna manera, estimado lector, es una casualidad que el secretario de Educación, Aurelio Nuño, esté por visitar Nuevo León.

El menos desgastado de los “tapados” sigue trabajando con un bajo perfil: visitando escuelas, hablando con maestros, reuniéndose con el sindicato.

La continuidad del presidente Peña está en Aurelio Nuño y José Antonio Meade.

Pero en Nuevo León la visita del secretario de Hacienda fue muy deslucida. Se reunió con los empresarios y poco o nada les pudo prometer, ni dinero extra ni partidas especiales, su carácter de burócrata le ganó al político en campaña. Nada nuevo, en realidad poca experiencia tiene en ello.

Su ponencia en la UANL (donde por cierto estuvo presente Pedro Pablo Treviño, aún sin ser nombrado dirigente del PRI) poco le sirvió, muy poco le lució.

En su visita a Nuevo León Aurelio Nuño tiene la ventaja de tener a Héctor Gutiérrez de la Garza, director del Instituto Nacional de la Infraestructura Física Educativa, a quien se le considera el brazo derecho de Nuño en las visitas a escuelas.

El trabajo de Gutiérrez de la Garza es hacer el diagnóstico de los planteles y el Programa Escuelas al Cien, pero en la visita a su estado, su misión es cobijar al secretario de Educación lo suficiente, como para que luzca realmente como “el presidenciable”.

El PRI de Nuevo León está fracturado. El enemigo está adentro y seguramente veremos muy pronto una reconciliación de grupos o un rompimiento definitivo, y todo eso puede suceder en las visitas de los presidenciales, porque se acerca el 2018 y los “tapados” son catalizadores del proceso, son emisarios del Presidente que, recordemos, aún es el primer priista del país… o usted, ¿qué opina?

alejandro.gonzalez@milenio.com