¿Cuánto más debe crecer la violencia para que los gobiernos reaccionen?

Con un aumento en el número de bancos desfalcados a mano armada, con más autos robados cada mes (van mil 500 en el año), agregándole más negocios atracados, motín en el penal con medio centenar de muertos, más homicidios y añadiendo que los ultimados ya son incluso elementos de la Agencia Estatal de Investigaciones, y no olvidemos el más reciente suceso, donde la víctima fue un amigo del gobernador... me pregunto, estimado lector, ¿no podríamos aceptar que la violencia profesional ya se desbordó en la ciudad?

Entre más rápido aceptemos la escalada, más rápido podremos reaccionar. En años anteriores las fuerza federales y la preparación de una nueva Fuerza Civil tardaron cerca de tres años en controlar los secuestros, cobros de piso, levantones y desaparecidos.

La delincuencia organizada golpeó duro al gobierno la semana pasada, porque acribillaron al coordinador del área de Inteligencia de la Agencia Estatal de Investigaciones, Carlos Arturo Valle Novelo, y más allá de que se presume un ajuste de cuentas (¿de quién?), no termina de ser claro cómo sucedió que el victimado iba con un escolta nada más y cómo los sicarios logran escapar frente a las 30 o 40 cámaras de video que los grabaron para llegar y salir del estacionamiento donde ocurrió todo, a una hora escandalosamente transitada.

El caso a fin de cuentas, amigo lector, es que ya no hay coordinador de Inteligencia porque era un blanco fácil, porque los sicarios fueron más inteligentes o imagine usted lo que quiera, ya después la autoridad dará un versión oficial.

Es justo en estos momentos cuando es importante hacerle frente a los hechos y dejar a un lado las ruedas de prensa donde no hay nada que decir.

Y aventarse la responsabilidad entre Gobierno del Estado y municipios, es una tomada de pelo ante la impotencia de no tener un reporte de hechos a favor.

Decir que "la violencia es manejable", cuando recientemente asesinaron a un amigo cercano y a un agente de investigaciones, en una semana con 14 homicidios violentos, es un discurso hueco, es una forma de expresar "No sé qué decir", o peor aún, es una forma de engañar.

¿Dónde están los hijos de los miles de padres asesinados, levantados y desaparecidos?, ¿alguna autoridad ha pensado en el resentimiento social que guardan los jóvenes, esos a quienes los delincuentes les arrebataron a sus padres o hermanos hace 5 años?, ¿qué se hace en los barrios donde reclutan a los futuros sicarios?, ¿dónde está la inteligencia?

También está latente el problema de Tamaulipas, un territorio donde, a diferencia de Nuevo León, la violencia nunca terminó, cuando mucho se replegó un poco.

Y olvídese, estimado lector, del llamado efecto cucaracha, ¿por qué debemos creer que los delincuentes no piensan en expedirse a otros estados?

Si el cambio político anuló todo lo que se había logrado en los últimos años del gobierno pasado, la política está estorbando en nuestro bienestar.

Y si Jaime Rodríguez Calderón defiende la inacción de su gobierno, diciendo que faltan elementos policiacos porque falta dinero, hace mucho que hubiera modificado el presupuesto para cubrir esta imperante necesidad: no hay nada más importante que la seguridad, incluso, es la principal obligación de un gobierno.

Todos queremos ver una lluvia de acciones contra el crimen, la esperamos ver de manera articulada en los municipios con experimentados en seguridad como en Monterrey, Guadalupe, Escobedo y San Pedro, y claro está, en el Gobierno del Estado.

¿Cuánto más deben crecer la inseguridad y la delincuencia para que veamos un manotazo firme de la autoridad? Por el bien de todos, esperemos que no sea mucho... o usted ¿qué opina?

alejandro.gonzalez@milenio.com