Un botón de muestra: primer año de Gobierno independiente en NL

Esa noche no había forma de entrar a la Macroplaza en auto. Llegamos en un taxi que nos dejó hasta donde pudo acercarse y después caminamos entre la multitud. Parecía un día de fiesta, como la noche del Grito o una verbena popular.

Hay que decirlo, amigo lector, fui con mucha emoción ese 3 de octubre al Congreso del Estado y al Palacio de Gobierno. Los que conseguimos entrar a las dos ceremonias vibramos con el gusto de ser testigos de un cachito de historia de Nuevo León, justo hace un año.

Cuando El Bronco alzó la voz frente a los diputados, periodistas e invitados hasta la piel se nos enchinó: “Se la acabó la fiesta a los bandidos”.

Luego caminamos al Palacio de Gobierno, porque el gobernador quería saludar a la multitud que también deseaba atestiguar el logro de llevar a un candidato independiente a tomar el control del estado.

Entre gritos de júbilo, porras, música y muchos flashes, Jaime Rodríguez Calderón cruzó la Macroplaza, abriéndose paso entre la raza. Se quitó la corbata, se puso un chaleco de cuero negro y a la mitad del trayecto montó su caballo para llegar al Palacio de Cantera. Pequeños pasos, algunos brinquitos, saludando en todas direcciones; su caballo lo acompañó, lo enmarcó esa noche bronca.

Se rumoraba que entraría montando hasta el Palacio. Lo imaginamos relinchando en dos patas después de subir la escalinata, como en tiempos de la Revolución Mexicana.

Pero en su primer acto, El Bronco mostró prudencia y bajó del caballo antes de llegar a los escalones y entonces subió a pie, custodiado por cientos de periodistas nacionales e internacionales.

Desde que llegó al Palacio, junto a él, siempre la figura de Fernando Elizondo, que también festejaba a su manera, más sobrio, más preocupado por lo que vendría que por alzar la copa.

El gobernador se encerró con un grupo compacto en el despacho principal y salió después a dar una rueda de prensa.

Ahí Jaime Rodríguez Calderón dijo que necesitaba tres meses para evaluar lo que recibía como Gobierno. Nada más pasó de importancia esa noche.

Salvo su mejor opinión, estimado lector, el Gobierno independiente tardó mucho en arrancar.

Tal vez era que esperábamos ver manotazos firmes en todas partes, queríamos al gobernador poniendo orden en todos lados y haciéndole frente a la corrupción.

En un año, el Gobierno independiente está manchado del cobijagate (que llevó a la renuncia de los consejeros ciudadanos), de un alza en la inseguridad, problemas en los penales, no han quitado la tenencia y ahí viene la verificación vehicular, el caso contra Rodrigo Medina es incierto y la percepción es de fracaso.

El trabajo de compactación, de reorganización de las finanzas, el proceso de austeridad del Gobierno, no luce como debería, porque no hay una comunicación adecuada.

El Gobierno independiente no ha podido imponer su agenda desde el Facebook y el Congreso y la Federación (y algunos municipios) le han comido el mandado. No se han hecho alianzas con los medios.

Las cosas buenas, los procesos sociales y descentralizadores del Gobierno no lucen porque la agenda sigue atorada en los temas que dejó Rodrigo Medina (inseguridad, Monterrey VI, Kia, etcétera) y porque la aspiración del gobernador para chapulinear a la Presidencia no dejan espacio para comunicar logros.

Tal vez es tiempo de subrayar los temas centrales, hacer acciones contra la corrupción (el cobijagate era una oportunidad de oro para hacer justicia ejemplar), aclarar los ejes de Gobierno, hablar de los beneficios de la austeridad… tal vez es tiempo de cicatrizar algunas heridas y no de abrir otras.

El Gobierno de El Bronco arrancó con todo el apoyo ciudadano y poco a poco lo va perdiendo, un año es muy poco para predecir el futuro, pero nadie podrá negar que es un botón y que sí da muestra… o usted, ¿qué opina?

alejandro.gonzalez@milenio.com