El incómodo problema del "fracking", ¿cómo saber si es bueno o malo?

para el Premio Nobel Mario Molina no hay problema para aplicar el "fracking" en México, siempre y cuando se haga bien, manteniendo fuertes regulaciones. Y aquí está el problema.

La discusión de las leyes secundarias de la reforma energética continúa y en cada mesa de diálogo y exposición hay una mosca necia revoloteando en círculo: el fracking.

Esta forma de explotar el gas shale o esquisto, que se hace mediante la fracturación de rocas muy profundas, sigue dividiendo, no nada más a México, sino a todo el mundo.

En Estados Unidos existen estados que han decidido hacer una prohibición contra esta técnica de extracción y otros más la fomentan y promueven.

De igual manera en Europa hay países como Francia y Bulgaria que están totalmente en contra del fracking, mientras otros como Reino Unido y Polonia están cambiando sus leyes para hacer más fácil la instalación de pozos de explotación de este gas.

En México ante la posible aprobación de fracking en las leyes secundarias, varias agrupaciones civiles y un grupo de diputados preparan un amparo colectivo contra las disposiciones finales del Congreso.

El argumento central, con el cual pretenden llegar a la Corte, es la violación al derecho fundamental de la salud de los mexicanos, debido a que la técnica utiliza hasta 27 mil litros de agua por pozo, cuando una persona consume 100 litros de agua al año.

Tal vez para balancear esta oposición, el titular de la Semarnat salió a declarar recientemente, sin ningún estudio realizado, que es puro cuento que el fracking contamina.

“Eso de que el fracking usa productos químicos contaminantes es totalmente falso, es muy bajo el uso de químicos que se le pone al agua”, dijo Juan José Guerra Abud.

La Comisión Económica para América Latina anunció que ya realizan un estudio para fijar su postura frente al fracking, pero los resultados estarán hasta el final del año.

Para el Premio Nobel de Química, Mario Molina, no hay problema para aplicar el fracking en México, siempre y cuando se haga bien, manteniendo fuertes regulaciones. Y aquí está el problema.

Este asunto de la regulación, estimado lector, en México es algo muy difícil, nuestras regulaciones no alcanzan ni para evitar que las gasolineras cobren de más porque no hay suficientes inspectores que puedan verificar que se entreguen litro de a litro; imagínese usted si podríamos reunir el número necesario de inspectores calificadas para checar miles de pozos de gas.

Buscando información sobre el tema me encontré el estudio “Repercusiones de la extracción de gas y petróleo en el medioambiente y la salud humana”, realizado en 2011 por el Parlamento Europeo, que destaca los peligros que puede encerrar el fracking.

Hay dos aspectos importantes que ahí se dicen: el fracking sí causa sismos y no hay evidencia de que contamine el agua.

Así dice:

“25. Señala que existe riesgo de movimientos sísmicos tal como se demostró en la prospección de gas de esquisto al noroeste del Reino Unido; apoya las recomendaciones del informe elaborado por el Gobierno británico que prevén que los operadores deban cumplir determinados estándares sísmicos y microsísmicos”.

Y sobre el agua:

“Es importante señalar que ninguna fuente oficial o reconocida de ningún tipo ha demostrado la existencia de relaciones sistemáticas entre la extracción de gas de esquisto y petróleo de esquisto y la salud humana o animal, y que tampoco se ha mostrado ningún caso en que la fracturación hidráulica haya causado la contaminación del agua potable”.

A pesar de lo anterior se recomienda realizar un amplio estudio que finalmente pueda decir cuál es el impacto real del fracking en el ambiente, el agua y la salud humana.

¿En qué se van a basar nuestros legisladores para decidir si se aprueba o no el fracking?

alejandro.gonzalez@milenio.com