Movimiento contra el "gasolinazo": los empresarios también protestan y apoyan

El sábado me sorprendió ver a un grupo de hombres jóvenes, muy probablemente estudiantes, que se reunieron en la entrada de Soriana Contry y conversaban. Se trataba de al menos 20 muchachos, casi todos hombres, bien vestidos y en actitud tranquila platicaban en la entrada del supermercado.

Por los acontecimientos recientes, amigo lector, a golpe de vista pensé que podría ser un grupo de personas que iban a saquear las tiendas, pero al ver con más atención me di cuenta que no tenían el perfil del saqueador que vi por televisión la noche anterior.

Poco importa lo que yo pudiera pensar sobre aquel grupo de jóvenes, porque mientras más llegaban (bajando de autos o caminado) en tres o cuatro minutos se paró junto a ellos una patrulla de la Policía Regia, un oficial armado bajó y se plantó al frente mirándolos fijamente.

Segundos después una camioneta de Fuerza Civil con cinco o seis elementos armados llegó al mismo lugar. En poco tiempo los muchachos fueron desalojados de la tienda, fuera del estacionamiento.

En realidad no eran saqueadores, ni manifestantes, se trataba de unos jóvenes que asistirían a un paseo y querían comprar sus alimentos, cuando menos eso me dijeron, pero la Policía los intimidó y los corrió.

Me parece muy delicado que el Gobierno intente detener el problema del gasolinazo intimidando a grupos, desalojando jóvenes.

¿Por qué las fuerzas del orden fueron tan eficaces en un supermercado y no lo fueron en el resguardo de los vitrales, patrimonio de todos?

Tal parece que los gobernantes desean ser aliados de los empresarios, de los comerciantes, pero en este caso, un resguardo policiaco ya no es suficiente.

Desde que el grupo G500 de gasolineros amenazó con cerrar estaciones si no se daban garantías, la violencia casi logró dividir a los comerciantes y a la población en general, pero no del todo…

Llevamos días del gasolinazo, miles de personas en más de 15 estados de México salieron a las calles de manera pacífica y protestaron contra el alza de la gasolina, pidiendo en todas partes la renuncia del Presidente. Los reventadores contratados no lograron detener las marchas, al contrario, en todo el país se hizo más de una manifestación.

Lo que me parece significativo, amigo lector, es que por primera vez existen en casi todas las ciudades movimientos de protesta de comerciantes y empresarios, en Hidalgo, Coahuila, Tamaulipas, Veracruz, Guerrero, entre muchas otras, las agrupaciones empresariales ya hacen un cerco para presionar y se manifiestan, sí, pero también amenazan con no pagar impuestos o retener pagos. A su manera, están peleando lo que consideran injusto.

La bomba del gasolinazo está explotando en la clase trabajadora, en la clase empresarial y en la política.

Las vagas y simpáticas explicaciones no han alcanzado para generar conciencia, el aumento se percibe como una forma de llevar dinero a la clase política, a los saqueadores de cuello blanco, para que compren mansiones, paguen viajes, aviones, lujos… o que simplemente se lo roben los gobernadores.

Nadie desea abonar un peso más para que los políticos vivan sus fantasías, pero en esta ocasión la clase empresarial está con el pueblo, porque son afectados o porque también están hartos.

En el tablero de ajedrez del gasolinazo, el Presidente no tiene ningún aliado social, los empresarios están con el pueblo, los políticos de oposición, estudiantes, intelectuales, todos están unidos.

Si los movimientos en todas las ciudades se mantienen, el Gobierno perdió ya la partida y tendrá que ajustar sus medidas, tendrá que recortar sus privilegios y, lo más importante, deberá convencer antes de imponer; de lo contrario, no quiero ni pensar en lo que terminarán estas protestas. Todo esto si los empresarios no se cambian de bando y arreglan algo en Los Pinos… o usted, ¿qué opina?

alejandro.gonzalez@milenio.com