¿Las cuotas escolares en verdad son para comprar papel de baño y cloro?

Desde que sus padres se separaron en marzo, Kevin Emiliano comenzó a trabajar como repartidor en un puesto de comida de unos vecinos del barrio.

El pequeño de diez años usa su bicicleta para repartir en las noches papas asadas y hamburguesas. Lo hace porque sabe que su madre no completa con lo que gana y porque su padre (mal padre) se desentiende y no manda dinero.

Kevin Emiliano terminó ya el quinto año de primaria y cuando fue a recoger su calificación, acompañado de una tía, pasó por lo que seguramente es la peor de las penas en su vida.

No solamente le reclamaron a su tía el pago de las cuotas escolares, sino que además el pequeño formaba parte de una lista en el portón principal donde se le señalaba en letras rojas como “incumplido” y “deudor”. A pesar de sus buenas calificaciones se fue cabizbajo, apenado, exhibido.

La historia que comento, amigo lector, sucedió en San Nicolás de los Garza y me llegó a través de la madre de Kevin Emiliano quien, muy preocupada, dice que su hijo está juntando para pagar las cuotas pasadas y futuras de la escuela. Claro, la preocupación es que ese dinero ya no llegará para ayudar al gasto de la casa.

Yo le dije que las cuotas no son obligadas y la ley así lo dice.

“Pues tal vez, pero la ley no dice nada de poner una lista de que debes pagar lo que debes”, me dijo, “y a mi hijo fue lo que más le dolió, seguramente los compañeros se van al baño con las burlas”.

El tema de las cuotas escolares, estimado lector, está muy platicado y el gobernador Jaime Rodríguez Calderón aseguró en febrero de 2016 que daría de baja al docente que fuera sorprendido cobrando una cuota.

Claro está, nunca aclaró que las cuotas en realidad las cobra una Sociedad de Padres de Familia que, si bien no pueden suspender a los niños, sí ponen carteles con listas de incumplidos. Y no hay ley que ampare la angustia que pasan los niños.

En la escuela donde está mi hija, la directora asegura que con el exhorto que El Bronco hizo el año pasado, en este ciclo que pasó nada más pagó el 30 por ciento de los alumnos. Para completar los gastos, me explicó, se organizaron rifas, ventas especiales en la tiendita y eventos de recaudación.

Seguramente por esta razón hoy se desdice el gobernador.

“Bueno, la idea hoy es que también los padres de familia tengan conciencia de que la escuela es de ellos y de sus hijos, y que hay cosas que el Estado no puede proveer, hay cosas que el maestro no tiene y es justo que los padres de familia se pongan de acuerdo, definan una cantidad que permita (comprar) por ejemplo el papel de baño, cloro, pinol, para limpiar la escuela”, dijo.

Un maestro, hoy jubilado, me comentó que casi toda su carrera fue maestro de base y poco se sabía del manejo de las cuotas, pero cuando ascendió a ser subdirector de la secundaria donde trabajaba, descubrió que había partidas especiales de las cuotas, que se utilizaban para dar supuestos premios el Día del Maestro y otra para un convivio en Navidad (un aguinaldo extra).

Lo sorprendente, me aseguró, es que como maestro nunca le llegó ni el premio ni el aguinaldo extras, lo cual quiere decir que en la dirección se repartían el dinero que además secretaría permitía, porque era sabido que “oficialmente” se podía hacer uso del 20 por ciento de las cuotas para esos eventos y a la hora de revisar las cuentas las partidas eran aprobadas.

Ahora que El Bronco dice que se revisarán las cuotas pienso mucho en las viejas prácticas de estos maestros y de esos privilegios que no desean perder.

Tal vez hace falta ponerle lupa al asunto y así como le sucedió a Kevin Emiliano, deberíamos poner mantas con todo y foto cuando el director o subdirector estrenan carro del año, tal vez podría decir: “Felicidades al director que hoy estrena un auto con nuestra aportación para la enseñanza de los niños”… o usted, ¿qué opina?

alejandro.gonzalez@milenio.com