Sequías y tormentas por venir

Traer agua de otras tierras no es natural, pero tampoco lo es el crecimiento que tenemos en Monterrey, por eso la solución es cara.

Después de las lluvias torrenciales de fin de año en Monterrey, casi se nos puede olvidar que en septiembre los niveles de las presas marcaban un histórico nivel bajo. Tanto, que por ahí se calculaba que nada más teníamos agua para abastecer seis meses a la ciudad.

Y es que desde hace años la zona metropolitana consume más agua de la que recibe. Las cuencas naturales están reduciendo la cantidad de agua, las lluvias son pocas y los huracanes llegan como catástrofe en lugar de bendición.

La ciudad no ha dejado de crecer, y si usted vive o visita las periferias, sabrá que la ciudad se extiende ya desde García hasta Ciénega de Flores.

Para el crecimiento horizontal de la ciudad el problema es resolver el agua: el abasto de la potable y la descarga al drenaje.

Para enfrentar el desabasto se elaboró el proyecto Monterrey VI, que en resumidas cuentas se trata de un acueducto de más de 300 kilómetros, que busca traer agua de la unión de los ríos Pánuco y Moctezuma.

Se dice que el agua viene contaminada y presenta alto contenido de metales pesados, de manera que sacarla representa un beneficio porque ya no descargará al Golfo de México. Monterrey tendrá que tratar el agua para utilizarla además de trasladarla, asuntos por demás costosos.

Los opositores al proyecto aseguran que no se han realizado estudios serios sobre el verdadero impacto ambiental. Por ahí hay algunas especies de fauna nativa que podrían resultar afectadas, además de actividades agropecuarias. Aunque poco se ha hablado de eso, no son asuntos menores.

Traer agua de otras tierras no es natural, pero tampoco lo es el crecimiento que tenemos en Monterrey, por eso la solución es costosa.

El hidrólogo regiomontano Jaime Leal Díaz nos dejó un análisis de la situación en su libro Mitos y realidades del agua en Monterrey. Entre varios aspectos que documentó, el que se refiere al desperdicio de agua por fugas y tomas clandestinas en la red de Agua y Drenaje es tal vez el más escandaloso.

“93 millones de metros cúbicos anuales de agua potable surtida a la comunidad regiomontana no se registran en los medidores y por lo tanto no son cobrados a nadie”, dice, lo que significa tres veces la capacidad de la presa de La Boca.

“El agua extraviada no sale de la ciudad, no aparece por ríos o arroyos, alguien la está usufructuando bajo un sistema de supervisión muy deficiente o coludido con los beneficiados que hacen como que la Virgen les habla, incluyendo a la Comisión Nacional del Agua”. En el mismo texto Leal Díaz explica que esa cantidad de agua debería ingresar 2 mil 700 millones cada año.

¿Por qué el Gobierno no investiga la ordeña de agua?

No lo sabemos, pero en lugar de invertir en cerrar estas fugas o robos, prefieren invertir en un macroacueducto.

Existe otro tipo de propuestas más colegiadas como el Fondo de Agua Metropolitano de Monterrey, que es un trabajo de asociaciones públicas, privadas y civiles, que busca reforestar las zonas erosionadas y mantener los terrenos donde nacen los acuíferos. Esto ayuda a que los huracanes sean menos desastrosos y las cuencas de agua no se sequen.

El proyecto del Fondo es también costoso, pero se basa en un modelo que cuenta con apoyos internacionales y que se está replicado en muchos países.

No sabemos cuánta agua traerá este nuevo año, pero sabemos que aquí vamos a necesitar mucha.

Abastecer de agua a Monterrey continúa siendo una preocupación sin resolver. Seguimos viviendo con el fantasma de las fugas, los robos… y la sequía.

alejandro.gonzalez@milenio.com