Regios organizados y entusiastas pelean contra los vicios del poder

La verdadera  participación ciudadana en la vida diaria no la desean los políticos.

Es común escuchar en el discurso de políticos y candidatos que “se necesita la participación ciudadana”, que “de la mano de los ciudadanos construiremos un futuro”, “junto con los ciudadanos haremos…”, y muchas frases más donde se convoca a que los ciudadanos participen como un asunto urgente, deseado y necesario.

Pero, ¿qué clase de participación esperan estos políticos?

Muy sencillo, esperan que los legitimemos en la votación, que acudamos a sus verbenas, que se les aplauda en sus discursos de barrio y, lo más importante, que paguemos los impuestos. Pero nada más.

La verdadera participación ciudadana en la vida diaria no la desean los políticos, ni tantito.

No desean participación porque los ciudadanos organizados reclaman la inseguridad y los desaparecidos, exigen recolección de basura o impiden la ridícula construcción de un estacionamiento en un área verde.

Para muestra un botoncito: tenemos el caso de un paso a desnivel en el cruce de Isidoro Sepúlveda y Carlos Salinas en Apodaca, donde el constructor, sin ningún pudor, dejó los postes de luz en medio de la avenida (sí, en medio). Muy extraño que se hiciera así y más extraño que el municipio recibiera la obra de esa manera, pero como el director de la empresa que realizó la obra, José Felizardo Elizondo Elizondo, es también el presidente del Consejo Ciudadano de Mejora Regulatoria del municipio, pues nadie reclamó…

Resulta que el señor realiza la obra como dueño de la constructora, la hace mal sin duda, y nadie lo llama a cuentas porque es amigo del alcalde, y además representa a los ciudadanos como Consejero Ciudadano.

Dígame si no, estimado lector, vivimos como en la película de la Ley de Herodes, porque la verdad de las cosas, si el Consejo Ciudadanos fuera realmente Ciudadano y sin nexos con el Ayuntamiento, jamás se hubiera permitido la entrega de tremendo disparate.

La participación ciudadana no la desean los gobiernos porque no pueden hacer lo que les venga en gana, como son los usos y costumbres de la clase política.

Por esta razón podemos ver con mucho agrado la creciente participación ciudadana en la zona metropolitana de Monterrey, cada vez más ciudadanos organizados en busca de defender sus derechos y corregir los vicios del poder.

Ayer, el periodista Gustavo Mendoza Lemus publicó en las páginas de MILENIO Monterrey un acertado reportaje sobrelas crecientes organizaciones sociales, comunitarias y de barrio que cada vez más vemos en la ciudad.

“Así hemos visto la defensa por el parque La Pastora por grupos ambientalistas, la participación de especialistas ante el proyecto Monterrey VI o la multitudinaria marcha —más de cinco mil personas— en apoyo a los estudiantes de Ayotzinapa registrada el pasado 20 de noviembre”, apunta.

“Frente a la realidad donde los derechos humanos de las personas se están violentando pues evidentemente la ciudadanía se ve en la necesidad de actuar”, señala Liz Sánchez, coordinadora de CADHAC, en una entrevista del reportaje.

Igual podemos mencionar a los grupos de vecinos que se organizan por Facebook para mejorar el centro de Monterrey, los que han logrado renovar las banquetas en el barrio el Nejayote, Laboratorio de Convivencia le cambió la cara al Barrio Antiguo y la movilidad se ha ido modificando gracias a Pueblo Bicicletero…

En fin, son muchas las organizaciones que surgen, trabajan desde la trinchera ciudadana y llegan para mejorar lo que los funcionarios y alcaldes no han querido hacer, y al paso que vamos, no me extrañaría que Monterrey pasara de ser una ciudad apática y sin colaboración, a ser la ciudad con la más grande participación ciudadana del país, y eso, amigo lector, únicamente depende de nosotros como ciudadanos, ¿cómo la ve?, ¿se apunta?

alejandro.gonzalez@milenio.com