Nuevo León, con la basura hasta el cuello: deudas e inoperancia

Los municipios le adeudan a este organismo más de 400 millones de pesos y, según parece, sólo San Pedro está al día.

El año pasado llegaron a manifestarse al Congreso del Estado cerca de 50 personas que representaban a un grupo de 250 que tenían permitida la entrada a Simeprode para pepenar entre la basura.

Los manifestantes insistían en que había mucha basura que tenía cosas de valor y que por eso ellos tenían permiso para trabajar ahí, pero repentinamente les habían cerrado la entrada.

¿Pepenadores en Simeprode? Muy extraño, porque se supone que el proceso interno recupera todo lo de valor en las bandas transportadoras, de manera que no deben existir pepenadores, o se supone, pues.

Pues no era tan extraño, estimado lector, porque durante las reuniones de transición que realiza el gobierno entrante con el gobierno saliente, con mucha sorpresa se destapó el bote de la basura y pudimos ver el desastre que hoy en día es Simeprode.

Este organismo público descentralizado tiene como misión “dar un servicio a la comunidad mediante el acopio, recepción, almacenaje, aprovechamiento, reciclaje, procesamiento, comercialización y la disposición final de residuos sólidos urbanos y de manejo especial, cumpliendo con Leyes, Reglamentos y Normas Ambientales”.

Simeprode opera en todo Nuevo León; para el depósito de los desechos cuenta con un relleno sanitario de 212 hectáreas en el municipio de Salinas Victoria y 11 más pequeños distribuidos en el resto del Estado.

La semana pasada nos enteramos que los municipios le adeudan a este organismo más de 400 millones de pesos y, según parece, nada más San Pedro está al día en los pagos.

El problema ocasionado es grande porque Simeprode no ha podido dar mantenimiento adecuado a la maquinaria que tiene y por ello ha bajado su capacidad de reciclar y procesar.

Las 5 mil 300 toneladas que llegan diariamente al relleno sanitario deberían pasar primero por unas bandas transportadoras donde cientos de trabajadores separan la basura que se puede reutilizar o reciclar, como plásticos, aluminio y vidrio.

Después la basura continúa su camino para llegar a la zona donde se coloca para generar el biogás que producen las bacterias en la basura.

Este biogás se captura y se utiliza para generar electricidad que utiliza para alumbrar la Macroplaza y en impulsar los vagones de una línea del Metro en Monterrey.

La planta y su proceso ha sido un éxito.

Con la falta de pago de los municipios (Monterrey debe 107 millones de pesos), el problema es el mantenimiento de las bandas transportadoras y del equipo de captación del biogás.

Según las estimaciones del director de Simeprode, Ricardo Javier Páez González, la capacidad de las bandas transportadoras de basura alcanza para procesar mil 500 toneladas de basura, de manera que diariamente se quedan 3 mil 800 toneladas sin revisar, es decir, esta basura se manda al confinamiento con todo el plástico, vidrio y aluminio que contiene ocasionando un desperdicio en captación de recursos y originando un daño al ambiente porque no se recuperan los materiales.

Por eso el asunto de los pepenadores, porque desde hace muchos años no se dan abasto para clasificar la basura y recuperar los materiales.

Para colmo, el relleno sanitario está llegando a su vida útil.

Los municipios son responsables de este problema y de los que vienen, porque hay que pensar en los próximos 20 años. Culpa de los alcaldes morosos, pero también el Gobierno que no hizo su parte, no los obligó a pagar en el sexenio.

Al destapar el bote de la basura en cualquier parte se sale el mal olor, pero en una planta procesadora de desechos de primer mundo no debería ser así. No debería haber pepenadores… no debería haber deudores, o usted ¿qué opina?

alejandro.gonzalez@milenio.com