Para prevenir los delitos: esperanza y calidad de vida en los barrios

Mucho se ha dicho sobre la obligación que tienen los gobiernos de proporcionar seguridad a los ciudadanos.

Se trata de tal vez, amigo lector, de la principal función que tiene un Gobierno Federal, Estatal y Municipal, porque si los ciudadanos no podemos vivir con tranquilidad, cualquier otro servicio está de más.

Durante los años más violentos en Nuevo León vimos cómo la delincuencia organizada rebasó a los gobiernos y los contaminó, tomando el control de los aparatos de seguridad.

Seguramente, estimado lector, recuerda que en los años violentos se arrancó una limpieza en la Policía Estatal y se gestó la Fuerza Civil, se establecieron los exámenes de confianza y nos visitaron varios gurús que, se suponía, sabían cómo detener la creciente ola de violencia.

El ex alcalde de Medellín, Sergio Fajardo Valderrama, quien se volvió una referencia en la lucha contra el crimen porque durante su mandato como alcalde logró reducir la violencia y los homicidios en su ciudad, pasó en varias ocasiones por Monterrey y habló mucho sobre la importancia de devolverle la dignidad a los más desfavorecidos y aminorar las diferencia sociales que, dijo, son el motor de la violencia urbana.

Claro que en medio de las balaceras de aquellos años estas ideas parecían un proyecto para el futuro y no para evadir a los delincuentes en las esquinas; se trataba de estrategias para prevenir la violencia, no para detenerla rápidamente.

Además no hay fórmulas que se puedan calcar en estos problemas, porque hay factores económicos, culturales y sociales que son diferentes en cada región.

Ahora que vemos cómo crece la violencia mes tras mes (y los medidores no me dejan mentir), la acción de prevenir parece ausente, se habla de crear una policía más robusta y preparada, pero la prevención del delito no es un tema generalizado.

Hay que decir, estimado lector, que como pocos el municipio de Guadalupe, ante el problema que viven, decidieron hacer una evaluación seria y realizaron un amplio estudio para conocer lo que sucede en las calles, barrios y colonias, donde existen los reportes más escandalosos de violencia familiar, inseguridad y delincuencia.

Tomándoselo muy en serio, el alcalde Francisco Cienfuegos conformó la Secretaría de Prevención Social de Guadalupe, tal vez la única en niveles municipales, y realizó un estudio con metodología científica y directrices internacionales, con la finalidad de construir un panorama real.

El programa que resultó de este trabajo establece acciones concretas para trabajar en prevenir violencia contra las mujeres, embarazos en adolescentes, jóvenes sin futuro, deserción escolar, convivencia vecinal, incluso se abordan problemas viales para evitar muertes al volante.

El trabajo es muy grande y ambicioso porque debe impactar en las comunidades para que sean más solidarios, y lo más importante, se debe dignificar la vida de los habitantes marginados, deben tener esperanza: oportunidades.

La pregunta, amigo lector, es ¿qué sucederá en las fronteras del municipio, en las colonias colindantes? Porque este es un trabajo enmarcado para Guadalupe y los vecinos que vivan en Monterrey, Juárez o Apodaca podrían notar la diferencia, incluso el plan trazado podría fracasar en esas fronteras por la falta homologación en los programas municipales.

Es un gran plan y nada más el tiempo nos dirá si es exitoso, pero el proceso es serio y muy valioso porque enfrenta con metodología un problema social y humano. Se puede consultar en la página de internet municipal.

Ahora sería bueno que el resto de los alcaldes levanten la mano y digan cómo harán en sus municipios para atacar los problemas detectados, sí, porque sin duda lo que el estudio de Guadalupe retrata sobre la vida en los barrios, es una muestra de cómo vive el resto de la ciudad... o usted, ¿qué opina?

alejandro.gonzalez@milenio.com