Margarita quiere ser gobernadora y las mujeres rumbo al poder

El viernes pasado, como parte del 60 aniversario del voto femenino en México, el Presidente firmó una iniciativa para que se garantice que el 50 por ciento de las candidaturas a diputaciones y senadurías sean ejercidas por mujeres.

Esto no quiere decir que las cámaras quedarían divididas en partes iguales entre hombres y mujeres, no, quiere decir nada más que los partidos deben tener candidatos y candidatas por igual.

El martes, en Monterrey se presentó la alcaldesa Margarita Arellanes ante el Congreso local con la misma iniciativa pero para aplicarse en Nuevo León.

Rodeada de las mujeres del PAN que hoy ocupan algún cargo o curul, la alcaldesa llegó con el documento y a la menor provocación dijo que “Nuevo León está preparado para en el 2015 tener una gobernadora”.

No sé, pero este asunto de la equidad de género ha tardado tanto en la práctica y menos en el papel, que parece más un tema social y cultural que de la agenda legislativa.

Cuando Elvira Carrillo Puerto (primer diputada) llegó al Congreso de Yucatán en 1923, se sabía que su mayor logro era ser hermana del gobernador; ella alcanzó el respeto nacional cuando en 1953, junto con muchas mujeres más, consiguieron que se aceptara el voto femenino en todo México.

Por desgracia ni su diputación ni el cambio en la ley propició la participación masiva de las mujeres; eso tardó décadas en suceder.

Como bien decía mi abuela, “una golondrina no hace verano”; las activistas no representaban a la mayoría femenina.

Y tengo que aclarar, amigo lector, que me parece indispensable que las mujeres tengan equidad en todos los aspectos de la vida pública y privada, pero forzar los cambios mediante un plumazo, tal vez no es el mejor camino para propiciarlos.

Por ejemplo, ahí tenemos el inolvidable caso de las Juanitas, ese que sucedió cuando la ley obligó a los partidos a tener una cuota de género.

Así como Juanito prometió en público renunciar a la delegación de Iztapalapa y cederle su lugar a Clara Brugada, las Juanitas (en secreto) prometieron darle su lugar a los suplentes (todos ellos hombres), para que ocuparan su lugar en la Cámara; 21 mujeres solicitaron licencia en LXI legislatura del Congreso de la Unión y así entregar a un hombre su lugar.

Así las cosas, las mujeres en ese caso defraudaron a los ciudadanos y especialmente a su género.

Para evitar el penoso asunto, ahora la propuesta del Presidente y la alcaldesa, especifican que el suplente deberá ser del mismo género.

El escándalo tiene muchos matices y lo podemos interpretar de varias formas, pero el plumazo en la ley no ayudó a mejorar ni a equilibrar el género en este caso.

“Nuevo León está preparado para en el 2015 tener una gobernadora”, nos dice Margarita, y si me pregunta, amigo lector, yo creo que desde hace mucho estamos preparados.

Lo que a ciencia cierta no sabemos, es si las mujeres están preparadas, en cantidad y calidad, para ocupar la mitad de la Cámara de Diputados local o si las posibles candidatas para gobernar cuentan con todo lo que se necesita, llámese Margarita, Cristina, Sandra, Marcela, Ivonne, Rebeca o Perenganita…

¿De cuántas golondrinas estamos hablando? ¿Cuántas necesitamos para hablar de equidad en la vida política? ¿Queremos equidad o simplemente una gobernadora?

Reformar la ley es un buen paso, importantísimo, pero las mujeres deben dar un paso aún más grande si desean llegar al poder: necesitan mostrar facultades, convencernos de su virtud con inteligencian y trabajo, y sobre todo, nunca más parecerse a Juanito.