Margarita Arellanes: una gestión con más pena que gloria

El municipio de Monterrey, la administración municipal para ser preciso, está pasando por una situación históricamente mala.

Se trata de una crisis anunciadísima que de alguna manera la alcaldesa no quiso prever.

Desde el inicio de su gestión Margarita Arellanes no fue muy acertada en el manejo político; con poca visión se peleó con los líderes de su partido. Le faltó un poco más de oficio político para conciliar posiciones con los diferentes grupos panistas.

Luego Margarita saltó a la luz pública en los noticieros de cobertura nacional por haber hecho ese desafortunado evento donde entregó las llaves de la ciudad a Jesucristo, un escándalo donde no ganó nada.

La administración estuvo plagada de asuntos polémicos entre dinero y poder.

El caso de la concesión de recolección de basura, por ejemplo, dejó un contrato millonario a una empresa nueva en su ramo, Red Recolector, que en medio de una polémica licitación desplazó a PASA, donde no estamos seguros si la ciudad ganó con una mejor recolección de basura.

Después vivimos el cierre de los casinos y hay que decirlo, estimado lector, sin duda una de las cosas que podemos mencionar como la más positiva de esta administración.

Otro de los grandes logros que hizo el municipio fue el trabajo en la cultura: jamás un municipio realizó tantas funciones y trabajos en barrios, exposiciones populares y otras de gran nivel internacional; crearon un museo (el de la Batalla de Monterrey) y en general se vivió, como nunca, mucho nivel al arte y a la cultura en la ciudad.

En el caso de los casinos, se trabajó hasta que se redujo a sólo 10 casas de apuestas en operación; con la detallada revisión de los permisos se consiguió cerrar cerca de 23 locales.

También hay que decir, amigo lector, que en el proceso de cierre de casinos resultó beneficiado un dueño en especial, Juan José Rojas Cardona, quien se dice es amigo personal de la alcaldesa.

Mucho se comentó en los corredores políticos que este Zar de los Casinos tuvo mucha influencia en las decisiones de la alcaldesa, por ejemplo, en su intención por buscar ser gobernadora de Nuevo León.

Esa idea sembrada en la cabeza de Margarita Arellanes hizo que la administración de Monterrey trabajara para promocionarla, en lugar de gobernar.

Se destapó la cuenta de 2 millones de pesos que gastó para hacer carnes asadas, donde buscaba hacer amarres con grupos y quedar bien con líderes.

Pero cuando no alcanzó la candidatura del PAN, con tristeza regresó de su licencia a ver lo que había hecho de Monterrey: una ciudad cacariza llena de baches, con enormes deudas a proveedores, grandes problemas en seguridad (recordemos que cambió al director de Seguridad), sin mantenimiento a los parques y con problemas con el sindicato de trabajadores del municipio.

Sin ánimo para seguir en la política, Margarita Arellanes no asiste regularmente al municipio, nada más se le ve en los eventos donde es indispensable y poco declara a la prensa.

El segundo paro de labores que se le hizo, porque faltan medicinas, y el embargo del edificio por una deuda de 900 mil pesos, son el reflejo de la falta de atención, del valemadrismo que tiene la alcaldesa el día de hoy.

Margarita Arellanes ya no piensa en un futuro en el PAN y seguramente no piensa volver a la política, de lo contrario no dejaría que el final de su administración cierre tan caóticamente.

Si la alcaldesa no atiende su cierre de gestión, podría pasar a la historia entregando una administración en paro laboral...

Arrancó con mucha expectativa y su poca experiencia nos hizo creer a los regiomontanos que Margarita haría una gran gestión, pero la ambición la cegó; lástima, porque hoy se va por la puerta de atrás, con más pena que gloria... o usted ¿qué opina?

alejandro.gonzalez@milenio.com