Huelga de hambre y Metrorrey: ¿otra renuncia en camino?

Hoy el  asunto no es de dinero nada más, es un tema de seguridad , de la integridad de miles de usuarios del Metro. Ni modo que se hagan los sordos y ni modo que los dejemos.

La crisis del Metro en Monterrey es, sin duda, la crisis del transporte en la ciudad.

Y no me refiero a que los problemas revelados en la seguridad de las vías del Metro sean un colapso del transporte, no.

Me refiero a que el desinterés, abandono, corrupción, descuidos y deterioro que se pueden ver en las líneas del Metrorrey, son un reflejo vivo de la crisis del transporte público en toda la zona metropolitana.

No podemos subirnos a las bicicletas en la ciudad porque el clima no lo impide la mitad del año o, peor aún, llega un borracho y nos arrolla. Ahí están los proyectos de ciclopista de adorno porque nadie, o muy pocos, desean arriesgar su vida en dos ruedas.

Subirse a los camiones es terrible, salvo honrosas excepciones de rutas que dan un servicio de primer nivel, pero el 80 por ciento sigue siendo muy malo y no se diga el costo: el más caro de México.

La Ecovía debería ser un respiro, pero ya vimos en estas lluvias pasadas que se inundó, no se suspendió el servicio (celebremos), pero el agua cubrió las avenidas y la gente no podía entrar y salir de los andenes.

Hoy tenemos un conductor del Metro en huelga de hambre y Agapito Castro cumple ya una semana con su protesta.

Resulta que, la semana pasada, Agapito denunció durante la visita que realizaron los diputados del PAN en las instalaciones y carros del Metro, que las unidades corrían peligro porque existen desprendimientos de concreto y acero.

“En las vías se estaban zafando las calzas, que son unas láminas para nivelar las vías; a mí me parece grave. Porque éste era mi deber, como conductor soy responsable de reportar lo inseguro, era parte de mi trabajo”, dijo el conductor a los diputados y a los medios el día que se le preguntó.

Acto seguido, después de cinco años de ser conductor en la Línea 2, se le removió de su puesto y fue enviado a las bodegas, asunto que claramente se interpreta como una represalia en su contra.

Ahora Agapito cuenta con el apoyo de sus compañeros, del Congreso del Estado y de todos los ciudadanos.

¿Qué diría el director de Metrorrey si mañana hay un accidente o un descarrilamiento? Con el antecedente que hay tiene la obligación de revisar las vías y dar certeza de que son seguras.

Metrorrey es un modelo de administración fracasada; el costo por el pasaje, hasta donde sabemos, es el justo por el costo del servicio, es decir, no hay subsidios como en el DF, salvo los días de asueto cuando se anuncia servicio gratis.

En el 2012 el anterior director, Mario Guerrero, renunció a su puesto en un intento de salir  honradamente ante las denuncias de corrupción que se presentaron porque el señor se embolsaba el dinero de los pasajes del fin de semana, dicen, que para campañas políticas.

Hoy los reflectores regresan a Metrorrey porque no se le da mantenimiento adecuado a las vías y carros. Javier Garza Vidal deberá acudir al Congreso para dar explicaciones de cómo es que no tiene dinero para mantener un servicio al nivel del cobro que hace.

Apenas en abril pasado se pidió que Metrorrey diera cuentas de unas cámaras de seguridad de compró, pagó y que nunca instaló.

Hoy el asunto no es de dinero nada más, es un tema de seguridad, de la integridad de miles de usuarios del Metro. Ni modo que se hagan los sordos y ni modo que los dejemos.

Ya nada más falta que estemos ante otra renuncia más del director de Metrorrey, asunto que no sería nada raro, ya ve usted, amigo lector, que este gobierno quiere resolver los asuntos opacos con renuncias, y de ser así, nos falta aún la más importante… o ¿qué piensa usted?

alejandro.gonzalez@milenio.com