Empresarios vs Gobierno: la guerra de los impuestos

a los mexicanos no nos gusta pagar impuestos, menos a los empresarios y mucho menos a los grandes empresarios (esos que se amparan o tienen descuentos "especiales")

La visita a Monterrey de Steve Forbes, presidente de Forbes Media, la famosa compañía editorial de negocios (que pone el cascabel al gato con sus listas de ricos y poderosos), llega como un fuerte apoyo, la caballería mediática, para los empresarios regiomontanos.

Previo a su conferencia en el Foro Mundial de Negocios EGADE Business School, en rueda de prensa el señor Forbes abrió fuego con declaraciones contra la reforma fiscal.

“Estos incrementos de impuesto no fueron un paso en la dirección correcta, perjudican a la creación de capital, a las empresas existentes y hace que las gente se enfoquen en las cosas incorrectas”, opinó.

Después de la crítica regaló cátedra.

“Esto habría que hacer: bajar las tasas de impuestos y quitar tanto reglamento y requisitos para las nuevas pequeñas empresas”, detalló.

Más adelante, y de manera jocosa, habló del impuesto a la comida chatarra y refrescos, diciendo que era más fácil conseguir una dieta en internet si se trata de bajar de peso.

Todas estas declaraciones sintonizan perfectamente con el sentir y pensar de los empresarios en Nuevo León, quienes desde las primeras propuestas rechazaron en forma y fondo la reforma fiscal.

Incluso Cemex, Alfa, Vitro (y muchas más), ya están en los tribunales: en enero se promovió el amparo contra el Impuesto Sobre la Nómina (ISN) de Nuevo León; en febrero se presentaron 500 amparos contra la reforma fiscal; después Caintra en bloque anunció un portafolio con 29 amparos de importantes consorcios; luego llegaron también en bloque los empresarios gasolineros y presentaron un amparo de inconformidad.

Los empresarios mexicanos como el señor Forbes dicen, entre otras cosas, que las nuevas reglas fiscales les impiden crecer y crear más empresas, eso fomenta la informalidad y por ello se debería cambiar el sistema tributario.

“Adopten (en México) lo que Hong Kong y otros 30 países han adoptado, un sencillísimo sistema de una sola tasa de impuestos sobre el ingreso personal, y que sea muy baja para que la gente no trate el modo de sacarle la vuelta”, propuso Steve Forbes.

Hay dos cosas que son muy ciertas y contundentes alrededor de los impuestos en México.

Primero, a los mexicanos no nos gusta pagar impuestos, menos a los empresarios y mucho menos a los grandes empresarios (esos que se amparan o tienen descuentos especiales).

Y en segundo término, México es el país que menos impuestos recauda si se compara con los países latinoamericanos y está entre los más bajos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), según datos del mismo organismo internacional.

De alguna manera la reforma fiscal cumple una serie de recomendaciones que la OCDE hizo al gobierno de Peña Nieto y al Congreso que la votó.

Se retomaron algunas estrategias y otras no; lo importante es que la reforma busca captar más impuestos de quienes ganan y mueven más dinero.

También está el tema de los empleos y comerciantes informales (¡se trata del 59 por ciento en México!) y de cómo hacer para llevarlos a la formalidad encontrando un camino socialmente pacífico y responsable.

Pero es este tema es el que parece más difícil, amigo lector, porque no se trata nada más regularizar a los puesteros y al servicio doméstico, claro que no.

Hay que ver con asombro que, de ganar en los tribunales, cada empresa que se está amparando quedará en un remedo de informalidad: no pagará parte de los impuestos, dejará de contribuir al ingreso del país obstruyendo desarrollo y crecimiento, tal como sucede con puesteros y servicio doméstico… nadie quiere pagar, ¿qué se puede hacer?

alejandro.gonzalez@milenio.com