Ecocidio en el San Juan: Pemex es responsable hasta que pruebe lo contrario

Cuando se derrama el petróleo en la tierra destruye el suelo, bloqueando el aire y matando los organismos vivos que hacen que la misma sea saludable.

El derrame de petróleo que derivó en la contaminación del río San Juan está lleno de misterio, contradicciones, desinformación y mentiras.

Como mencionaba ayer Luis Petersen en su columna, la marca de este evento es la desinformación, porque Pemex, autoridades federales, estatales y municipales parecen estar encubriendo todo.

Primero, no se reportó a los medios el derrame hasta varios días después de sucedido, luego se minimizó, después se habló de un control del 90% y ahora se dice que ni problemas a la salud ni al agua acarreará.

Se trata de un ecocidio porque un gran tamaño de terreno, con su flora y fauna, quedará afectado por décadas, según explican los expertos en el asunto.

El problema es grande porque, cuando se derrama el petróleo en la tierra destruye el suelo, bloqueando el aire y matando los organismos vivos que hacen que la misma sea saludable.

“El petróleo o cualquier tipo de hidrocarburos, crudo o refinado, daña los ecosistemas marinos produciendo uno o varios de los siguientes efectos: muerte de los organismos por asfixia; destrucción de los organismos jóvenes o recién nacidos; disminución de la resistencia o aumento de infecciones en las especies, especialmente aves, por absorción de ciertas cantidades sub-letales de petróleo; efectos negativos sobre la reproducción y propagación a la fauna y flora marina; destrucción de las fuentes alimenticias de las especies superiores; incorporación de carcinógenos en la cadena alimentaria”, documenta  Greenpeace por experiencia.

Es importante deslindar responsabilidades, porque en tierras de cultivo, en un afluente de riego y que alimenta la presa de El Cuchillo, es muy probable que aquí tengamos muchos gastos por pérdidas, enfermedades y limpieza del agua.

El argumento del director de Pemex, que insiste en que ellos no son responsables porque se trata de un problema derivado de un robo, es preocupante porque después de  la desinformación a los medios, el deslinde nos pone en el mexicanísimo terreno del sospechosismo.

Peor aún, estimado lector, el hoy vocero de las comunidades afectadas, el párroco José Manuel Guerrero, de la comunidad San Juan, Cadereyta, aseguró que desde hace seis meses los lugareños habían alertado a las autoridades sobre la calidad del agua en el río San Juan, que se veía aceitosa y olía mal.

“En uno de los ejidos que se llama Mexiquito, en ese ejido la gente expresaba que el agua de la noria, del pozo comunitario, tenía aceite, un mal olor, y que lo habían comentado al presidente municipal y quedaron de mandarles agua en pipa, que sólo lo hizo en alguna ocasión”, dijo.

“La gente desde hace seis meses ya expresaba que el agua estaba mal, que no estaba en buen estado”, señaló (y ahora está peor el agua).

Y ultimadamente, amigo lector,  y para no alimentar las especulaciones, Pemex es el dueño de los ductos, del petróleo y responsable directo de lo que sucedió. Si Pemex dice que los responsables son unos misteriosos ladrones de petróleo crudo, que lo demuestre, total, seguir la huella de quien vende crudo en grandes cantidades no debe ser difícil y las autoridades encontrarán a tan peculiares ladrones de petróleo.

En Veracruz el reporte preliminar de contaminación en el río Hondo fue lo mismo: toma clandestina ocasionó derrame (qué casualidad).

Sin ánimo de alarmar, el ecocidio del San Juan es peligroso para el ambiente y la comunidad y puede tardar mucho en solucionarse. Valdría mucho que se aclare lo de las tomas clandestinas, porque el principal señalado debe ser Pemex… hasta que compruebe lo contrario. ¿No lo cree así?

alejandro.gonzalez@milenio.com