Despiértenme cuando pase el temblor: especulación y fiebre del gas "shale"

A decir de los que saben, como el margen de ganancia es poco, y para no reventar la burbuja financiera, las compañías deben replicar el proceso en otros países como México.

En esta ocasión, el martes, sí sentí el temblor.

De los anteriores a ninguno, sería por la baja intensidad o por los lugares donde estaba cuando se registraron, pero no me había tocado percibir el movimiento.

Y tengo que decirlo, estimado lector, estaba mejor cuando no me daba cuenta porque ahora puedo imaginar el vértigo en un edificio y el pánico que visita las casas viejas.

El peligro es grande en una ciudad que no construye con normas para sismos y si cada vez son más fuertes,  mejor en el próximo, como decía Cerati, “despiértame cuando pase el temblor”.

Por lo pronto ya tenemos promesa de los especialistas que pronto dirán si esto tiene o no que ver con el fracking, esta técnica de extracción de gas shale y que, también tenemos promesa, se multiplicará en Nuevo León de la mano de grandes empresas internacionales que explotarán el gas haciendo miles de pozos.

En efecto, se trata de miles de pozos, porque este tipo de explotación es frenética y peligrosa; a decir de los especialistas se corre el riesgo de contaminar las corrientes subterráneas de agua.

Aquí el asunto, amigo lector, es que la experiencia en Texas con el gas shale no resultó lo prometido. Me explico (en la versión para internet estarán los enlaces a la información que aquí le comento).

Todo comenzó en Wall Stret en el 2008, nos refiere un artículo del New York Times, cuando en tiempos de Gerge Bush, ante la amenaza de recesión, se cambiaron las normas sobre la forma de calcular el tamaño de los yacimientos de gas y la técnica de explotación, las empresas reportaron cantidades mayores, consiguiendo dinero de inversionistas.

Así pues, se desató una fiebre de gas en Texas; a los pobladores se les prometió dinero por derechos de extracción en sus tierras, empleos y gas barato.

La fiebre el gas generó enormes inversiones en la bolsa y ocasionado que muchas empresas se lanzaran a la aventura en Texas, así se logró una sobre explotación y el precio del gas bajó.

Como descubrieron que los pozos de gas shale no duran 100 años, sino que cada perforación es útil cerca de 5 años, entonces comenzaron a hacer más perforaciones para mantener la producción esperada.

Todo esto ocasionó que las empresas chicas quebraran y las grandes las compraran; las fusiones son un buen negocio en Wall Stret.

Al paso de unos años cerraron muchos pozos, quedó el agua subterránea contaminada y existe el peligro latente de los temblores en todo Texas.

Como bien lo ha documentado Debora Rogers, analista financiera, este juego se llama especulación. Y aquí todos juegan.

Las empresas especulan con los yacimientos y la producción, los políticos especulan con los beneficios y la derrama que conllevan.

A decir de los que saben, como el margen de ganancia es poco, y para no reventar la burbuja financiera, las compañías deben replicar el proceso en otros países como México.

En diciembre pasado MILENIO difundió el trabajo de investigación de industrias extractivas Fundar, donde no se recomienda la explotación de gas shale en México.

¿Esto lo saben las autoridades locales que están impulsando que se explote el gas shale? Muy probablemente sí, porque todo esto es público y conocido en círculos de inversionistas.

El negocio, debemos suponer, es traer el juego de la especulación a estas tierras y entonces las empresas harán su parte y los funcionario públicos lo propio.

Así las cosas, estamos frente a la llegada de una fiebre del gas en Nuevo León que durará poco, quién sabe qué ganaremos nosotros y cómo quedará la tierra y el agua.

alejandro.gonzalez@milenio.com