¿Por qué hay más personas pidiendo o trabajando en los cruceros?

No se necesita llevar a cabo una investigación sesuda para advertir que cada vez hay más personas pidiendo o trabajando en los cruceros de Monterrey y su zona metropolitana.

En los cruceros importantes encontramos vendedores (formales e informales), repartidores de publicidad, limosneros, limpiavidrios, malabaristas y un sinfín de variantes llenas de imaginación.

Los vendedores no tienen límites y ofertan frutas, helados, agua, semillas, flores, sillas, peluches, mangas de moda para el sol, hules para los parabrisas, rompecabezas didácticos, bebidas energéticas y saldo para el celular, entre algunas cosas que recuerdo.

Los pedigüeños son sofisticados, los hay desde el que empuja una silla de ruedas con un viejito dormido, hasta la muchacha que tiene un letrero donde pide apoyo para sus estudios.

Los malabaristas y equilibristas ya tienen nivel de espectáculo circense. Y los hay expertos, como en el cruce de Acapulco y Garza Sada, donde una señora como de 70 años se pinta de payasito y hace un pésimo truco de magia con un saco viejo, asunto que deja al conductor con sentimientos encontrados, porque su verdadero truco es proyectar una combinación extraña entre lástima y ternura. Sin duda una profesional.

Tal vez será por la temporada vacacional, estimado lector, pero en las últimas semanas veo muchos menores de edad en los cruceros, más de lo normal.

Me pregunto muchas veces si es bueno darles una moneda, porque es imposible distinguir al verdadero necesitado del charlatán.

Hay muchos estudios sobre el trabajo informal en México, porque se calcula que el 25 por ciento del PIB sale de esos trabajos.

Como algo curioso encontré un estudio realizado en la Ciudad de México por el sociólogo Ricardo López Santillán, donde analizó el trabajo y el comercio informal, del cual dice que es muy importante al "ser como una válvula de escape, que aligera la presión demográfica sobre el empleo".

Resulta que de alguna forma el trabajo informal y el de cruceros es una válvula que le quita presión social a la vida de las ciudades, evitando el aumento de robos o de movimientos sociales organizados.

Si esto es real, la conclusión sería que necesitamos "cooperar" en los cruceros para evitarnos un problema mayor.Pero no estoy tan seguro de que esta reflexión se pueda aplicar al Monterrey de 2016.

Dicen los reportes periodísticos que en general la gente en los cruceros gana bien, gana más dinero que un trabajador promedio, pero a cambio está en constante peligro y pone en peligro a los conductores.

Hay que decirlo, al momento de un atropello la responsabilidad es del conductor, no del que trabaja en el crucero. Así es la ley.

Seguramente hay una explicación sobre el aumento de estas personas en las esquinas y podría ser la falta de empleos o la migración, pero también podría ser la falta de una autoridad que regule la vida en los cruceros y encauce a trabajos formales a los habitantes.

Los niños no deberían estar en los cruceros y la autoridad debería actuar sin pensarlo.

Seguramente existen al menos un reglamento que regula a los trabajadores formales, porque existe reparto de periódicos y edecanes con publicidad, de manera que deben tener un permiso.

Y quiero suponer que no todos los que vemos consiguen tener un permio, lo que deriva en que hay una extraña aplicación de la ley en los municipios.

No estoy seguro de si es bueno darles unas monedas a estas personas, pero sí creo que no deberían estar ahí.

¿Qué están haciendo el Gobierno y los alcaldes al respecto?

Y con esto, amigo lector, no sugiero que se use la fuerza y se les retire, no, me refiero a que debe estudiarse el fenómeno y atacarlo desde la raíz, porque debemos dignificar el trabajo en Monterrey y detener el riesgo diario de trabajadores y conductores... o usted, ¿qué opina?

alejandro.gonzalez@milenio.com