Pa' no molestar

Entre sentimentalismos baratos y realidades costosas

Es posible.

En la última noche del primer encuentro, estaban los cuerpos como ahora. Saciados del otro, atrapados por el otro, profusamente unidos al otro.

Los ojos liberados ya del esclavizador yugo del cristal permanecían apenas abiertos y una brisa nocturna surgía de entre tus labios como queriendo decir algo, como buscando agregar algo, como deseando algo.

Esa tarde viajamos y compartimos. Adivinamos formas en las nubes y escudriñamos las diferencias ideológicas marcadas por la edad y el papel.

Allá hay alguien pensativo. No importa si es hombre o mujer, ni su edad y tampoco sus preferencias sexuales o disposiciones lúdicas. La banca en el parque está atenta a sus divagaciones y le escucha sin poder revirar, reconocer o aconsejar. Solo le escucha. Sostiene algo en su mano y ésta descansa sobre otra cosa. Se mueve y dibuja líneas de todo tipo y forma. Escribe ¿una carta?, ¿un mensaje?, ¿un recordatorio? Y después, al terminar, mano y ojos y cuerpo regresan a la posición inicial, la misma en que le hallé cuando vi a alguien en esa banca del parque.

Seguimos andando y nos negamos a la presencia de silencios incómodos porque ni los deseamos ni los requerimos… incluso en ese momento la comunicación es, por decirlo de alguna forma, latente.

Al ritmo de los pasos se contonean las manos y en un descuido se rozan sin alcanzarse porque están unidas. El espacio las une. Y tus dedos extraños buscan a los míos, torpes y regordetes, pero reales y ansiosos de ti. Se hallan. Vuelvo un poco la cabeza porque quiero comentarte que la persona en la banca está escribiendo algo que seguramente debe estar relacionado con algo como esto porque tiene la misma liviandad en la mirada y sus ojos se ubican exactamente al mismo punto en que los míos vuelven a ti.

No puedo. Estamos cerca del puente peatonal y los escalones son interminables y las nubes se vuelven de un oscuro que amedrenta y a la distancia hay colores ridículos en las fachadas de las casas y a nuestros pies circulan decenas de automotores que ahora impiden la convivencia de ellos, los otros, los que nos ven e ignoran cuánto compartimos.

Tu piel genera, provoca ansias. Y me decido y estoy a punto de emitir un sonido con la garganta seca y los labios partidos por el sol y la sed y el deseo, cuando caigo en la cuenta de que la persona del parque me recuerda a alguien.

Me lanzas una interrogante monosilábica y sonrío porque en tu desesperación por averiguar algo olvidas que también sientes y tus ojos lo gritan. Me enterneces. Te das cuenta del error cometido y te sonrojas porque te empeñas en ocultar eso que no te atreves a llamar por su nombre y disfrazas con dibujitos en tus mensajes de texto. Sonríes y te apoderas del silencio.

La horizontal en tu boca se rompe en algún momento y me hablas de algo que no acabo de empezar a entender porque sigo perdido en el resquicio de un recuerdo provocado por tu voz.

Los pasos ahora son. Hay equilibrio entre las tuyas y mis piernas y a un andante resolutivo tus caderas invaden mi espacio y mancillan esta humanidad maltrecha.

Nos detenemos y ruego un beso y jugueteas conmigo y hallas oscuridades permisibles y cómplices. Puedo contar tus pestañas e incluso especificarte su largo y grosor, pero tus labios impiden cualquier cálculo, cualquier pensamiento…

Ahí está otra vez. La persona del parque desciende de un vehículo y te mira y me mira. Se dirige hacia nosotros y no te das cuenta de que algo hay en sus manos. Estás irremediablemente perdida en un mar de palabras que yo seguía con atención hasta que le observé caminar. La última frase comprendida fue “así, juntos…”.

Nos acercamos. Tus labios se mueven y no te entiendo porque el ser humano que viene hacia nosotros busca con desesperación algo entre sus ropas. Bolsas vacías, la mentira de una sonrisa y un rostro inescrutable debido al tamaño de las gafas.

Algo brilloso asoma entre sus dedos…

No entiendo por qué, pero sonríes. Sigues hablando y un paso más demuestra que no te has dado cuenta del peligro que nos acecha.

En apenas segundos repasó la situación. El pantalón de mezclilla será de gran ayuda para protegerte y también el hecho de que la bolsa esté colgada en esa espaldita que, de tanto, poco me he tomado la oportunidad de acariciar. Sé que no eres muy afecta al uso de joyas o alhajas, apenas y ocasionalmente anillos, pero hoy usas el reloj recién adquirido y tus pies calzan esos zapatos que sirven para todo, excepto para correr en este piso de centro comercial barato y resbaladizo.

Veo y analizo los posibles escenarios. Ya sé que en el siguiente avance de tu pierna izquierda nos encontraremos frente a frente con esa persona y planeo el giro por si se trata de un arma punzocortante y el movimiento por si es una de fuego. Recorro visualmente las posibles rutas de escape y ubico a las personas alrededor. Me preocupan ellos, hay una familia con dos pequeñas menores de 10 años, cuyo vehículo al parecer está estacionado en nuestra dirección. Allá una pareja que lucha por acomodar a un bebé en el asiento trasero de la guayín azul.

No importa, no permitiré que te hagan daño. No permitiré que nada suceda en tu entorno como para privar al mundo de la oportunidad de valorar tu inteligencia y belleza. De ninguna manera estaré…

•  No señorita, gracias. No necesitamos una tarjeta de crédito…

El cumplidor

El flamante secretario de la Función Pública, Virgilio Andrade Martínez, cumplió cabalmente con su cometido al exonerar a su jefe de todo tipo de pecado y culpa relacionados con bienes muebles e inmuebles, suyos y ajenos.

¿Qué? Para eso investigó a 111 “servidores públicos”; para eso se aprendió exactamente la ubicación de cada grieta y resquicio de algunas leyes; para eso lo contrataron, porque para eso se alquiló, ¿o no?

Llegó al cargo el 3 de febrero pasado, luego de que un equipo de periodistas encabezado por Carmen Aristegui (entre los que se encontraban Daniel Lizárraga, Irving Huerta y Sebastián Barragán), evidenciara la existencia de un posible conflicto de intereses en el que los protagonistas eran (son) los inquilinos de Los Pinos y el señor secretario Luis Videgaray, por un lado, e Ingeniería Inmobiliaria del Centro, filial de Grupo Higa de Juan Armando Hinojosa Cantú, por el otro.

Lo más rico de todo el trajín mediáticopulentovergonzoso tema, fue la respuesta del ciudadano al hacer uso de la palabra durante el “Consejo Nacional de Seguridad Pública” (jajajajajajajaja), donde luego de afirmar que tanto su conducta como la de la señora Angélica Rivera estuvieron apegadas a la ley, reconoció que dichos acontecimientos dieron lugar a interpretaciones que lastimaron e incluso indignaron a muchos mexicanos”. A todos ellos les ofrezco una sincera disculpa. En este tiempo he reflexionado profundamente sobre lo ocurrido. Estoy plenamente convencido que en el México actual la conducta del presidente como jefe del Estado y la de todos los que tenemos el privilegio de servir a los mexicanos, además de apegada derecho, debe ser tal que nuestras acciones no generen desconfianza” entre la población. Debemos entender que nuestra responsabilidad pública se rige por la ley, pero que también estamos obligados a actuar, de tal manera, que nuestras acciones no provoquen, ni sospechas, ni malinterpretaciones…

Cuando terminé de leer la disertación del señor primer mandatario de este país sin hambre, sin pobreza y sin vergüenzas, la visión de mis ojitos pispiretos se nubló como resultado de las lágrimas que poco a poco se empezaron a acumular.

Estado: “con-mo-vi-do mil”… 

La recomendación

Esta semana de ajetreados sin sabores en la cosa política nacional y local, tuve a bien releer a uno de mis creadores favoritos: el maestro Edgar Allan Poe aunque, lamentablemente, fue solo uno de sus cuentos el que tuve oportunidad de disfrutar: “La caída de la casa Usher”.

Es la historia de un hombre y un par de hermanos (él y ella), habitantes de una mansión oscura, triste, ennegrecida por el futuro inexistente de un linaje a punto de desaparecer entre las fauces del tiempo. Él y ella son uno por el parentesco y son uno por haber compartido espacio en el vientre materno, relación presente en el gótico relato del poeta, de Poe.

“La caída de la casa Usher” es una agónica descripción de la muerte, la tristeza y el dolor, es un himno acompasado en órganos eclesiales dispuestos a lo largo del pantano y la brea. Es morada de demonios y terrores nocturnos que solo una mente como la del maestro pudo haber ideado para sus seguidores.

Sí, sin lugar a dudas le recomiendo leer este cuento. Le recomiendo acercarse a la obra de Edgar Allan Poe y disfrutar no solo de sus historia, sino también de su poesía y en especial de “A Elena”…

Te ví una vez, sólo una vez, hace años:

no debo decir cuántos, pero no muchos.

Era una medianoche de julio,

y de luna llena que, como tu alma,

cerníase también en el firmamento…

Por cierto, saludos a la querida Itzel (@ItzelBlue), a mi entrañable amigo Ernesto (@delaqueva) y a la pequeña, a Helenita…


@aldoalejandro