Pa' no molestar

Un personaje asqueroso y repugnante…

“El señor no dice mucho. Nunca lo hace. Su demagogia es un absurdo y su presencia ofende, lastima, lacera incluso la descripción de eso que llaman inteligencia. Lo hemos visto tratando de articular una frase en estados deplorables, hablar otro idioma y buscando convencerse públicamente de sus capacidades ocultas a la luz de todos, incluyéndole.

“Insiste tanto que raya en lo que llaman ‘pena ajena’, la misma con la que ese imbécil se conduce ante quienes le adoran por saber, estar y existir, no importa que su culto sea ajeno, que su calva sea una corona de miedos ocultos para los demás y que, tras la careta de autosuficiencia que viste cada día, haya un muchachito estúpido queriendo jugar a los ‘quemados’. Ambos son uno para el otro porque así son, el uno para el otro.

“Ignoro si se conocen, pero entre la vanidad de uno y el complejo del otro, segurito han hallado la forma de encontrarse. Son poco más que similares y comparten algunas experiencias duras y difíciles. Literal.

“Ahora importa la historia de aquel, el del guardarropa caro adquirido en Estados Unidos con la prole incómoda. El mismo de las medias de red y viudez dudosa. Ese señor que disfraza las órdenes de sugerencia y tiene vueltos locos a los antagonistas, los izquierdistas, los derechistas, todos los istas que le aman y le detestan por abusador, mediocre y banal…”.

“Cuando llega a casa, cansado, solo piensa en un baño con agua bien caliente y una chinga de alcohol por dentro y por fuera. Mientras camina hacia el bar, más allá del enorme sillón blanco para seis personas, se deshace del saco y la corbata. Pensaba arrojarlos en el Chaise Longue que trajo de Paris la semana pasada, pero reconsideró y prefirió llevarlos consigo, ¿quién en su sano juicio deja por ahí botadas prendas de más de 5 mil dólares?

“Por fin, luego de varias decenas de pasos se coloca en la barra, elije un vaso old fashioned y lo coloca contra la barra lateral del mueble metálico. Tres piezas de hielo caen en su interior y no deja de maravillarse. Desde que se hizo del aparato le parece fascinante la creatividad del ser humano para facilitar las cosas a quienes, como él, tienen tantas y enormes responsabilidades, así que no puede andarse preocupando  por un asunto tan superfluo como llenar cada tanto los recipientes para el hielo. Se sienta en la barra y sirve una buena medida de una bebida española, cualquier cosa, un Brandy Solera Gran Reserva Conde de Garvey… - si los demás supieran lo difícil que es enfrentar diariamente el desprecio de tantos...”.   

No. Este no es un buen inicio para una novela y no quiero escribir eso de que cualquier parecido o semejanza con la realidad es mera coincidencia…

***

 

No es necesario imaginar el tatuaje. Las medias de red no impiden la visión y ella es feliz mostrando su libertad, su gusto y su sensual afecto por la vida.

Ella y su piel están expuestas a través de la malla perfecta que aprisiona su cuerpo. No necesita desnudez para provocar nada porque su intención no es esa. Ella quiere verse bien y desea sentirse a gusto por y para ella.

Toda esa sensualidad, esos breves y exquisitos asomos de piel, esa sonrisa en labios acorazonados y la sensación indescriptible que todas las piezas provocan en su cuerpo le permiten aumentar la confianza en sí misma.

Hoy optó por la falda negra larga y la camisola blanca con encajes. El conjunto remata en unas zapatillas de tacón alto y, lo principal, ese aire de autosuficiencia que enloquece a todos. A todo ese conjunto se suma la voz, el tono, el toque especial a un sonido que bien podría ser divino.

Casi lo paso por alto. Ahí, justo por encima del talón y bajo la pantorrilla, está el grupo de aves migrando hacia un mejor sitio en ese permanente verano de su cuerpo…

***

 

El grupo ha hecho de las suyas nuevamente. Son cinco amigos de entre 10 y 12 años que andan descubriendo el mundo de diferentes formas y medios que luego comparten entre sí:

Se fugan de clases para ir a la zona donde construyen el museo de ciencias naturales y utilizan las trabes laterales como resbaladilla; idean decenas de mentirillas que les permitan reunirse esta tarde y la siguiente en la casa de uno donde comparten alimentos y juegos y las revistas del hermano que regresa de la universidad hasta entrada la noche; suben a una de las azoteas de la enorme mansión y encienden un cigarro que a todos provoca un ataque de tos, excepto al buen Alex porque él ya fumaba desde antes.

Los cinco forman un gran equipo y siempre están juntos para atender las obligaciones escolares y los afanes trascendentales entre la niñez y la pubertad; unos salen antes y otros llegan después, pero juntos, porque son mejores amigos y en su grupo hay de todo: el curioso que disfruta averiguar cómo funcionan las cosas; el aventurero que anda organizando las salidas a los parques aledaños a la escuela; el que gusta a las niñas de los otros salones; el que no tiene la menor idea de cómo empezar algo y aunque así fuese es incapaz de terminarlo y, por supuesto, el infaltable valentón.

Sus padres se saludan más a fuerzas que de ganas cuando se encuentran en el patio de la escuela al ir por ellos o cuando deben ir a la oficina de la directora porque la quintilla fue capturada con las manos en la masa molestando a las niñas o peleando con otros pequeños de otros grupos de la misma y otras escuelas.

No saben qué hacer con los amigos y las prohibiciones solo empeoran las cosas. Pueden controlarles de alguna manera: golpes, gritos, castigos, reprimendas y fines de semana sin el ansiado “domingo” son algunas de las medidas aplicadas, pero ninguna ha dado resultado. En la escuela es casi imposible. Ni siquiera la falta de luz en el enorme corredor les asusta.

Un buen día la hermandad dejó de existir…

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“Ella surge. Brota en la pantalla, nace en el deseo y sonríe burlona. Sabe que los tiene comiendo de la mano porque así son todos. Es cierto: la masa es torpe, estúpida y conformista cuando ha sido idiotizada con tal cantidad de basura visual y auditiva.

“Puede vestirse como reina o simplemente usar un pedazo de tela para cubrir algo, algunas cosas y ya. De cualquier forma sigue siendo lo que es y no hay quien se atreva a reclamar algún error, falta o ligero pecadillo pasado. En este presente puede y ha hecho lo que ha querido. Aunque no siempre le han salido bien las cosas. Dicen que por eso una vez llegó al hospital toda golpeada, porque le llenó el buche de piedritas a la única persona capaz de enfrentarle. Dicen que le amenazó con hablar, dicen que ella sabe cosas y por eso la toleran tanto. Eso dicen.

“Ella está guardada. De cuando en cuando le permiten salir a algún restaurante o bar a condición de que sea lejos de cámaras, reflectores y molestos periodistas para que haga sus desmanes y pueda satisfacer esos deseos que en casa le apresan, sofocan y destrozan de a poco…”.  

No. Tampoco. ¿Qué enferma imaginación podría dar forma a un personaje tan asqueroso y repugnante?

***

 

Hace tiempo tuve la oportunidad de acercarme. La vi de frente y le escuché. Cruzamos miradas por tres segundos y sus labios se separaron para pronunciar mi nombre pero la turba y su marido lo impidieron. Él la tomó del brazo y le obligó a andar. Ella se detuvo argumentando atención a un tercero que le extendía una carta y le pedía firmar de recibido.

Ella solicitó a la pareja su bolígrafo pero él la ignoró. Me acerqué cuanto pude, extendí el brazo y le ofrecí mi plumín favorito: uno negro de esos que vendían en el transporte público en razón de tres por cinco pesos.

No supo de quién era hasta que lo devolvió. Levantó el rostro para agradecer mientras regresaba el útil y nos encontramos. Dijo mi nombre en apenas un susurro y regaló una hermosa sonrisa cuando mi índice y el suyo se tocaron. Leí en su rostro un “llámame”. En el mío, encontró la promesa de otro encuentro.

Es una lástima. La maestra de biología era realmente hermosa y entonces era una mujer muy delgada, pero con una personalidad de esas que obligan a estar en clases y hasta a estudiar algo que sabes que jamás en la vida recordarás a menos que sea en su voz. En alguna ocasión había que entregar el cuaderno con una tarea sobre no recuerdo qué porque no la hice. En su lugar escribí algo sobre ella y la ansiedad que despertaba.

Cuando regresó las libretas, junto a mi texto había un número telefónico, una hora y una fecha…

***

 

A la larga se separaron. Cada uno tomó caminos diferentes y acumularon triunfos y fracasos que compartieron con nuevos amigos y diferentes vidas.

Todos olvidaron la tarde en que el sillón se movió de sitio y la puerta se abrió sin intervención humana; olvidaron la escapada a los baños de maestros y cómo tuvieron que ocultarse dentro de la conserjería cuando la directora y el profesor de educación física se encerraron; olvidaron los enormes ojos verdes de Paty y los tremendos pleitos con el hermano de Norma, y ni hablar de las broncas con los de la otra primaria, la que estaba a tres cuadras de la nuestra…

@aldoalejandro