Pa' no molestar

Demasiadas mentiras...

Ayer vi una caricatura que no es para niños, dijo.

Una pareja está a días de celebrar su aniversario y su pequeño hijo, un menor de unos cinco años, desea entregarles un regalo digno del respeto y la autoridad que les representa, amén de que uno y otro buscan un obsequio para el conyugue.

El niño, como todos los pequeños o al menos la gran mayoría, es un incansable explotador de eso que llaman fantasía y a veces se convierte en una especie de investigador privado dispuesto a todo para resolver un caso. Él ya tiene los regalos para sus padres, ella oculta en algún sitio del hogar el obsequio para el marido y este, olvidadizo y torpe, no atina a hallar algo digno para la pareja.

El punto es: de estos tres personajes, uno oculta algo, un terrible secreto, una enorme mentira.

El investigador, a instancias de la cliente que le ha contratado, sigue al hombre para averiguar qué es lo que obsequiará a la pareja en la esperada fecha. Ella piensa en joyas, ropajes dignos de la realeza o al menos la visita y breve estadía a alguno de los restaurantes más afamados de la ciudad, pero enloquece cuando se entera de la doble vida del ser amado.

- ¿Y qué descubrió, inspector?, ¿ya sabe qué es lo que mi querido esposo me regalará para celebrar nuestro aniversario?

El aludido responde con una negación. Comenta a la mujer que ayer, cuando el hombre abandonó el hogar para ir de compras, supuestamente, habría de dirigirse a algún sitio en el que poder adquirir algo lindo para ella, pero en vez de eso acudió a un cine (para adultos) donde estuvo apenas unos 15 minutos y del que luego huyó para ir a refugiarse a unos baños públicos exclusivamente para hombres donde descansó con la compañía de “un enorme hombre de color” que le “sobaba” la espalda y “soplaba” su cabello. La mujer enloquece porque sabe que su pareja es un homosexual que no acaba de entender su papel como tal y mucho menos compartirlo con ella, la compañera a la que juró en un altar respeto, admiración y verdad.

Pregunta al pequeño si está absolutamente seguro de lo dicho y este le responde que sí, incluso ha tomado fotos para demostrar que el señor de cabellito bienpeinado y camisasplanchaditas no ha podido elegir un obsequio pertinente. La mujer no puede aceptar la realidad, se enfrasca en un conflicto personal en el que decide que lo mejor es asesinar al pequeño para que no sufra por la perversidad del padre y luego enfrentarse sola a la terrible y funesta realidad que le ronda y acecha. 

Ata al niño al asiento del auto familiar y le pide que no se suelte, abandona el vehículo con la marcha en neutral y el automotor comienza a hundirse en las anegadas y terribles aguas de una corriente violenta, perversa y diabólica…

***

Maldito mentiroso. Qué ganas de tenerte cerca para demostrarte a qué sabe la traición y el grado de dolor que puede llegar a alcanzar un ojo con la irrigación sanguínea interrumpida. Quizá no. Tal vez sea suficiente con demostrar la apertura siempre dispuesta de tus nalgas mexiquenses y tu hocico siempre lleno -nunca menguante- porque así eres y has sido: una mentira de esas “habilidosas” que no se descubren porque te pasean horas por calles de noche y ojos apagados.

Jugaste a ser la pareja perfecta y engañaste a la tuya con tu propio género, o al menos al que supuestamente perteneces.

Pese a las portentosas cualidades de tu verdadera esposa, te decidiste por la mentira y el engaño. Optaste por unas alas simuladas y un compadrazgo cercano a los placeres del cuerpo que te sostiene y siempre echado pa’lante, porque “mis d’estas son para ellos y todo esto es para ellas”.

Pinche mentiroso. Mediocre, ignorante, misógino e iletrado. Con todo y tu falso caminar por universidades dispuestas a proteger la ignorancia que ha permeado cada uno de tus pasos, sigues siendo el imbécil sobrino, el estúpido vecino y el peor amigo.

Tampoco hay conocimiento sobre tres libros importantes y la noche de día calma la presa oculta bajo las sábanas de tu cuerpo inmóvil y el aliento hediondo.

Así eres: mal oliente, enfermo, dubitativo.

¿Qué hubieran hecho ustedes?

Pinche vendepatrias

***

Todos preguntan por el pequeño y ella inventa una historia.

Él la respalda. Ella y él lloran porque no hay verdad de tal tamaño o mentira suficiente para engañar a quienes envolvieron el cuerpo, a quienes lo colocaron en el asiento trasero del último modelo, a quienes exigen justicia y se solidarizan con el aparente dolor de unos padres destrozados.

Pura mentira. Así es tu sonrisa, así son los planes… esas son las reacciones y consecuencias…

Recordaron a la pequeña que hace años desapareció de repente y cuya foto estuvo en espectaculares del Periférico y bardas de Insurgentes y comerciales de Televisa.

Lo peor es el compadrazgo y la finesa necesaria para aparentar.

Tan mediocre y tan cabrón, lo mandaste a la olimpiada…

***

Él disfruta. Llegó a encerrarse a un sauna porque ahí está seguro de las miradas cuestionadoras y el cariño jurado.

Es como si hubiese un gran juez por convencer y una penosa realidad por recuperar. Lo consigue. Se encarama a la siempre dispuesta “objetividad” del partido porque sí. El cuerpo puede seguir paseando en el vehículo y quedar a resguardo de la torre y los guardias de la bancaria que no saben por qué estás aquí en sábado de fin de mes y veinteañeras a tu lado. Dejas la pesada carga y partes hacia el antro más cercano donde tomas suficientes combinaciones etílicas como para olvidar a tu hija y mantener a la consorte en la memoria. Tú y ella apestan. Tú y ella son un asco. Tu más porque ella, tragedia de por medio, decide que su bikini es hermoso y su cuerpo más.

Si. Las bestias no tienen olvido, pero sí la bendición del mismo idiota que dio por muerto nuestro más grande tesoro. Por eso adoras ese auto… pinche perro.

***

 El pequeño profesional cazamentiras hizo su trabajo. El objetivo es un maldito enfermo prepotente con la boca abierta y grande para cachar los silencios, las palabras, el cuerpo putrefacto de una niña bajo el colchón que el hoy Comisionado Nacional del Deporte no pudo hallar.

En el afán de mantenerlos vivos empezaron a morir y no se dieron cuenta. Hoy es tarde. Hoy no pueden, no cuentan con argumentos para exigir una búsqueda o un renacimiento en las aguas del Pacífico. Hoy es una basura oficial y Cantarell está muerto.

Sin experiencia, pensaba que ellos tenían razón porque habían estado muchos años alimentándose de experiencias, pero la realidad es, tristemente, otra.

El de las deficiencias es priista, el de los cuestionamientos dice ser de Acción Nacional y los otros, los que no’más hablan para no callar, son algo que no puedo definir, pero ahí están: estorbando, ideando a lo maje y estropeando avances a lo wey…

***

Lo más chistoso del chisme es que te digan papá.

No tienes idea de dónde surgieron y -seamos honestos-, tampoco te interesa cómo se llaman. Pero ahí estás, al pie del cañón, demostrándole a ella que vales lo que dices y a ellos que pueden confiar en ti. Desafortunadamente no es verdad.

Hablas y escribes con palabras acordes al origen y la pretensión, pero no acabas de entender que tienes las mismas posibilidades de una colmena y una abeja reina que te llama mientras enrareces el ambiente con verdades a medias y mentiras reales.

“¿Tú crees?, la muy maldita nos prohibió acercarnos al licenciado, de hecho nos dijo que si le hablábamos estábamos despedidas y el mensaje fue solo para nosotras, las del género femenino, y el muy idiota cree que es porque nos da pena”.

- Jajajajajajajaja. ¿De verdad?, quiero decir, ¿desde que llegó aquel la muy zorra le echo el ojo y se prometió no solo un buen almuerzo sino asegurar el futuro?

- Y eso no es todo, a su hija la mayor le obliga a decirle papá. ¡Pinche vieja! Te aseguro que si el licenciado hubiera visto el pedazo de grano que se cargaba en la espalda ni siquiera le sonreirá a la muy puerca, pero bueno, cada quien su chisme…

***

La mujer se sentó tranquilamente en las inmediaciones del aparato telefónico y cuestionó la pertinencia de ser ahora ese algo a punto de desaparecer.

Se arrepiente de haber olvidado al menor y condenarlo a una muerte segura en el río; también por el matrimonio fallido y por la decidida atención brindada a una masculinidad fingida.

El “hombre” por fin se hace escuchar y pide perdón y dice que actuó “por curiosidad” y se compromete a buscar ayuda y terapia. Ambos lloran y se abrazan y justo en ese instante regresa el pequeño Butters y les felicita por el aniversario. Reunidos los tres se convierten en la familia ideal y en un ejemplo de armonía y unión, con los oscuros secretos de uno, pero familia amorosa al fin.

Y sí. Finalmente están juntos y deciden ir a celebrar al restaurante favorito del pequeño, quien brincotea feliz mientras se dirigen quién sabe cómo al lugar del festejo. Es cuestión apenas de segundos para llegar y ocupar una mesa en cuya superficie ya esperan algunas viandas.

A ellos definitivamente no les preocupa el costo de la gasolina, ni la capacidad intelectual del dirigente o el compromiso de sus representantes en el Congreso: solo son caricaturas…

alejandro.evaristo@milenio.com