Pa' no molestar

Tantas hojas de diferentes especies…

El bosque es un sitio abrumador. Lo supo en cuanto abrió los ojos y trató de respirar. Sobre sí, grandes oyameles y encinos proyectaban hacia su disminuida humanidad todo el poderío de la naturaleza, ama y señora de esta tierra y todas las vidas que en ese momento él desconocía.

Entre musgo, hojarasca y ramas muertas, atinó a girar el rostro y observar a la bruma huir hacia el otro extremo y escapar entre las rocas de acantilados ocultos por la imponente presencia de esos fantásticos árboles. No podía incorporarse. Su espalda humedecida exigía a los miembros superiores hacer algo para separarle del sitio, pero dedos, manos, brazos y antebrazos perecían extasiados al olor de la hierba y el follaje, incluso empezaban a mimetizarse con la corteza de las especies que le observaban con destellantes rayos de sol eludiendo hojas, ramas, troncos. 

No se decide a pedir ayuda. Tiene miedo. Ahí tirado no hay una oportunidad de defensa y lo sabe. Aguza el oído. Escucha trinos y no alcanza a entender si se trata de llamadas o cantos porque ignora la hora qué es: podrían ser las 11 de la mañana o las 5 de la tarde.

De repente silencio. Nada.

A una distancia indeterminada percibe el crujir de la naturaleza muerta bajo el peso de algo…


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Angélica es maestra de biología en la escuela secundaria local. No está lejos de la ciudad, pero decidió rentar una vivienda en el pueblo para no tener que madrugar cada mañana y viajar 23 kilómetros para atender su primera clase, a las 8, y continuar con las otras cinco que día con día atendía, de lunes a sábado; la última, a las 2 de la tarde todos los días. Era una buena oportunidad para conocer la organización, tradiciones y rasgos característicos de la comunidad a la que había sido enviada y, además, podría estar cerca de los estudiantes para atender sus planteamientos y ayudarles con los problemas que fuesen surgiendo.

Dejó con sus padres la ropa que no usaría en una población en medio del bosque y llenó sus mochilas con pantalones, botas y suéteres. Una o dos faldas largas acompañadas de unas zapatillas negras con tacón pequeño y dos blusas de manga larga con cuello de tortuga, para las reuniones formales con el cuerpo académico del plantel.

Uno de los primeros ejercicios que planteó a dos de sus grupos fue la elaboración de un álbum de naturaleza. Así que les encargo hacer acopio de papel periódico, argollas y/o jaretas y cartón. Les dio una semana para reunir el material solicitado. Concluido el plazo, citó a los estudiantes en la entrada principal del parque, la que llevaba directamente a través de varios senderos a la orilla de la laguna. Ese sábado se reunió con unos 40 jóvenes, hombres y mujeres, con quienes recorrió los 600 metros que separan al agua del asfalto.

Es área natural protegida así que hay señalamientos, guardabosques y hasta personajes que, en carretillas o vehículos motorizados acondicionados para tal fin, ofrecen a los visitantes golosinas, refrescos, agua y alimentos tradicionales de la región en el área de estacionamiento. En las veredas que se internan en el bosque no hay nadie.

Angélica sonríe ante las ocurrencias de los muchachos para demostrar a sus compañeras que existen. Charla con algunas y llama la atención a algunos. 

 El reto, les explica mientras avanzan, es “recoger tantas hojas de diferentes especies como sea posible, luego usaremos la computadora para determinar de qué especie son y así las archivaremos en nuestro álbum con una breve descripción en una tarjeta informativa que habremos de pegar junto con la muestra vegetal, pero primero tendremos que deshidratarla”.

Alguien más la oye: no le interesa lo que dice, no la escucha, pero sí observa el espaciado danzar de su cuerpo adulto y sus casi 28 años sobresaliendo entre los cuerpos adolescentes… adivina sus piernas mientras contonea su deseo al ritmo de las caderas que divagan en sus manos.


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Los ornitólogos, como especialistas que son en el tema de nuestros emplumados protagonistas, afirman que las llamadas de las aves son simples, breves y las usan como señal o aviso para otras, es una especie de comunicación básica entre especies. Los cantos, por el contrario, son más complejos, de mayor duración y se escuchan durante la temporada de reproducción con mayor frecuencia. Dicen que hay machos de algunas especies que cantan con entusiasmo para defender sus territorios y que sus vocalizaciones varían dentro de una misma especie, dependiendo la región, como los seres humanos. Además, algunas viven solitarias y otras en grandes grupos. La mayoría trata de defender un territorio y muchas migran entre bosques templados y tropicales, pero siempre regresan.

“Los machos, en particular, son los que con más ahínco persiguen a los intrusos y los hacen retirarse de sus territorios. El tener un territorio específico es una ventaja debido a que es más eficiente y menos peligroso buscar comida en un área familiar y bien conocida. Luego que se establecen los territorios, es muy difícil para un joven hacer que un adulto abandone su espacio donde se alimenta y anida. Varios tipos de golondrinas, lo mismo que muchas otras aves, viven en colonias y defienden apenas una pequeña área alrededor de sus nidos. Otras aves, incluyendo los buhos, tienen extensos territorios, a veces de varios kilómetros cuadrados. En los años en que el alimento abunda, algunas aves mantienen territorios mucho más pequeños que cuando escasea el alimento”.

Qué curioso, pensó. Dejó el libro de lado y se dispuso a disfrutar del sabroso champurrado con pan que había ordenado en la fonda. Justo en la salida del pueblo, en dirección al bosque…


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Se da cuenta. No puede mover ni brazos ni piernas. La humedad bajo los miembros es diferente a la de la espalda. Una es fría y con la otra hay incluso cierta comodidad. La luz sigue y escucha más trinos. Silbidos breves y aleteos lejanos.

Por momentos, nada. Trata de recordar. Cierra los ojos.

Un hombre está oculto tras el tronco de aquel árbol y lleva algo en sus manos. Está justo delante, a unos 20 metros de la mujer que, sola, recorre el sendero hacia el estacionamiento. Pareciera querer atacarla. Ella no se percata de su presencia y rodea el árbol confiada. El presunto agresor dibuja en su andar un círculo de miedo que no alcanza a romper porque Angélica camina cada vez más rápido y está a punto de quedar fuera de su alcance. Le delata el sonido del bosque bajo sus pies y ella grita aterrorizada y huye dejando tras de sí a dos sujetos enfrentados.

Un cuerpo se doblega y cae por debajo de las rocas. El otro rueda entre los árboles y su cuerpo es atravesado por la punta de un madero que le espera diez metros bajo la sombra de una peña ennegrecida.

Un búho canta y un hombre muere. Los párpados reviven.

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Angélica recibió la noticia y fue feliz. Alejandro regresó y quiere verle. Le avisaron justo cuando llegaba a la laguna, pensó que no habría recepción pero, para su fortuna, comprobó que no tenía idea de la capacidad y alcance de su teléfono celular. Cuando se disponía a explicar al grupo cómo debían colocar las hojas en el periódico recibió el mensaje. Había ido a buscarle al parque. Se despidió apresurada y dejó ahí a sus estudiantes. Tomó el sendero equivocado, no era el más corto.

Avanzó con el teléfono entre las manos y la sonrisa a flor de labios. Alejandro le llama, le urge, le ansía, la toma entre sus brazos y la desprecia, la odia, la aborrece. Alejandro juega con su cuerpo en una enorme cama de pasión que cabe apenas en una base individual y besa sus ojos cerrados y el interior de sus labios y la piel de la nuca se eriza y los vellos en sus brazos aprenden sus nombres y uno y otro están ansiosos por repetir la aventura en el hotelucho de las afueras: el paraíso, el averno, la gloria empoderada por el pecado de todas las carnes que son al estar juntos.

Cada paso es una nueva sonrisa y el ruido de la pasión oculta el crujir de las ramas tras de sí. De reojo observa el caer de dos sombras y huye como puede y sin voltear…


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Dicen que en los bosques es posible escuchar a muchas aves al mismo tiempo y que lo más común es que los sonidos surjan en las primeras horas de la mañana, muy temprano. Unas llaman y otras, simplemente, cantan. Se posan en una rama y desde las alturas rompen la tranquilidad que embriaga a la Pachamama inca y al Hunab Ku maya. Los dioses. La vida…

EMPATÍA

Qué excelente oportunidad para disfrutar de ti…

Una breve reflexión

El deseo de un feliz año nuevo es apenas un asomo de la verdadera intención de tal frase.

Como sociedad, merecemos que los 362 días que restan por venir sean mucho mejores a los componentes de las 52 semanas que acabamos de dejar atrás, así que le invito a recordar quiénes están para servir a quién, a reflexionar sobre quién merece la oportunidad de hacerlo y a hacer lo posible por recordar qué somos y qué queremos.

De no hacerlo, por favor, no se queje después…


alejandro.evaristo@milenio.com