Pa' no molestar

El peor depredador de la vida…

El artista plástico Rodrigo de la Sierra exhibe 15 piezas monumentales de su entrañable personaje Timoteo en la Alameda Central y, lo mejor, de forma gratuita.

La exposición “Timo entre la gente” se encuentra desde ayer sobre avenida Juárez. El protagonista de esta muestra, a juicio del propio escultor, “es un personaje de fábula, un ser que habita metáforas de la vida contemporánea. Un personaje urbano en su ciudad, cualquier ciudad. Esta indeterminación es por supuesto voluntaria y sirve para enfatizar el carácter industrial, abstracto e impersonal de las sociedades urbanas”.

De la sierra afirma que en Timo hay cierto heroísmo siempre está dispuesto a descubrir, en medio del entorno hostil, la posibilidad de superar un mundo no siempre hecho a su medida: “el personaje no se rinde nunca, está siempre listo para empezar de nuevo. La obra no invita al mayor optimismo, porque el hombre contemporáneo vive superando discordancias y tareas arduas, pero si es que hay una lectura posible de la serie, de su suave didáctica, está en su mirada crítica al mundo, en su enorme simpatía por los seres humanos y sus esfuerzos”.

Cada una de las 15 esculturas elaboradas en bronce, fierro, perfil metálico y acero inoxidable, tiene un nombre que transmite el mensaje del artista: “Bajo control”, “Horizonte”, “Big Steps”, “El piloto”, “Buscando equilibrio”, “El avión de papel”, “Los de arriba y los de abajo”, “United States on America”, “Gran ego”, “Balance”, “Volar”, “Nueve bloques”, “El vigilante”, “Punto de fuga” y “Retrato”.

Rodrigo De la Sierra fue seleccionado en 2007 en la Bienal Internacional de Escultura de Toyamura por su creación Timoteo, un personaje que desarrolla a partir de una serie de dibujos en papel concebido para cuestionarse a sí mismo.

El artista vive y trabaja en la Ciudad de México donde nació el 18 de septiembre de 1971. Es licenciado en Arquitectura con un diplomado de Creatividad en la Universidad del Valle de México y estudió artes plásticas en talleres e incluso en la Universidad Iberoamericana. De acuerdo con su semblanza (www.rodrigodelasierra.com), ha logrado exponer en Italia, China, Corea del Sur, Estados Unidos y México y ha participado en bienales y ferias a nivel nacional e internacional.

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Hace no varias lunas, alguno de todos sugirió que sería buena idea dibujar el mal. Entre los demás ninguno opuso resistencia debido a la figura autoritaria del sujeto. Entonces la pregunta fue: ¿qué rostro debe tener la maldad?

En la imaginación empezaron a tomar forma trazos de grotesca e impura fisonomía, aparecieron figuras demoniacas y también todo tipo de conjunciones animalescas de colmillos amenazantes y ojos enrojecidos enmarcando una mirada colérica y perdida, esquizofrénica, lujuriosa y llena de rabia.

Alguno, quizá el de la entonación débil y suplicante, sugirió que tal cosa debería distinguirse por contar con los mismos rasgos de las pesadillas unipersonales. Y empezaron a imaginar y a hablar al mismo tiempo, aun cuando no hubiese algún interlocutor dispuesto a la escucha.

Entre las nueve diferentes voces acariciaron tal cantidad de temores que resulta increíble la posibilidad real de personificar algo tan vil y repugnante. No hay forma de ilustrar eso. No quiero pensar en hacerlo…  

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Hay una canción. Se llama “Mad world” compuesta e interpretada por los ingleses de Tear for Fears, una de las bandas icónicas de los 80’s; fue su primer éxito y llegó al puesto 3 de las listas de popularidad allá, en la tierra de la reina (http://bit.ly/1ppjuts).

El asunto es que luego aparecieron Michael Andrews y Gary Jules, quienes grabaron una versión de este tema (http://bit.ly/1gqdA9S), para la película Donnie Darko (un recomendable cinta norteamericana del año 2001 sobre las apariciones de un conejo gigante llamado Frank a un adolescente mentalmente indispuesto y con una enfermiza fascinación por el fin del mundo), que superó con creces a la original y se convirtió en un verdadero éxito comercial alrededor del mundo.

… And their tears are filling up their glasses/ No expression, no expression/ Hide my head I want to drown my sorrow/ No tomorrow, no tomorrow/ And I find it kind of funny/ I find it kind of sad/ The dreams in which I’m dying/ Are the best I’ve ever had/ I find it hard to tell you/ Because I find it hard to take/ When people run in circles/ It’s a very, very mad world...

(Y sus lágrimas llenan sus vasos/sin gestos, sin gestos/ Escondo la cabeza, quiero ahogar mi pena/no hay mañana, no hay mañana/ Y de alguna manera lo encuentro divertido/ de alguna manera lo encuentro triste/ los sueños en los que estoy muriendo/ son lo mejor que he tenido/ Encuentro difícil contártelo/ porque lo encuentro difícil de asumir/ Cuando la gente corre en círculos, es un mundo muy, muy loco...).

Donnie parece estar loco y es solo el personaje de una película. Allá afuera, hay personas que se parecen a él y la diferencia en esta penosa realidad es que la sangre coagula, apesta y se seca cubriendo los nombres de cientos y miles de víctimas para quienes la justicia es un sueño inalcanzable…   

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Dicen que hay demonios sueltos y vuelan apoderándose de almas y cuerpos para continuar la devastación. La visión de un mundo perdido es abrumante y también el sonido de las alas y el crujir de huesos.

Todos esos niños, todas las personas.

Es incomprensible cómo es que el ser humano con toda su nanotecnología y su sapiencia y respuestas ha logrado convertirse en el peor depredador de la vida.

Lo cierto es que documentar el pesimismo, a estas alturas, es una labor harto sencilla, pero ahí, en todos esos cuerpos mutilados, odiados y/o desaparecidos está la razón. 

Alguien busca y desea dar un rostro a la maldad y hay quien usa máscaras y quien vive esperando el fin. Lo cierto es que algunos solo cuentan con su miedo…

alejandro.evaristo@milenio.com