Pa' no molestar

Entre complicidades y buenas intenciones

Llegó la hora. El sable brilla y los pañuelos están a la mano, listos para la jornada del 5 y 6 de diciembre …

I. Lectura obligada

El artículo 4º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos detalla que en el inseguro y humillado país en que vivimos “el varón y la mujer son iguales ante la ley. Esta protegerá la organización y el desarrollo de la familia” y que “Toda persona tiene derecho a la protección de la salud. La Ley definirá las bases y modalidades para el acceso a los servicios de salud y establecerá la concurrencia de la Federación y las entidades federativas en materia de salubridad general, conforme a lo que dispone la fracción XVI del artículo 73 de esta Constitución.

Aunado a ello, por si no les quedó claro, se afirma que “en todas las decisiones y actuaciones del Estado se velará y cumplirá con el principio del interés superior de la niñez, garantizando de manera plena sus derechos. Los niños y las niñas tienen derecho a la satisfacción de sus necesidades de alimentación, salud, educación y sano esparcimiento para su desarrollo integral. Este principio deberá guiar el diseño, ejecución, seguimiento y evaluación de las políticas públicas dirigidas a la niñez”.

Luego nos encontramos con la Ley General de Salud, que detalla el derecho a la protección de la misma que tiene toda persona en los términos del Artículo antecitado, pero que detalla en su artículo 2 las finalidades precisas de ese derecho y en el que sobre salen los apartados IV y V, que se refieren a la extensión de actitudes solidarias y responsables de la población en la preservación, conservación, mejoramiento y restauración de la salud, y el disfrute de servicios de salud y de asistencia social que satisfagan eficaz y oportunamente las necesidades de la población, respectivamente.

II. Las medidas oficiales

El Estado debe obtener recursos de alguna forma y por ello desde hace muchos años se inventó una cosa hoy llamada Hacienda que, a través del odiado Servicio de Administración Tributaria, se encarga de sangrar oficialmente la vida y bolsillos de la población que ellos identifican como “formal”.

El tributo no es una moda nueva. Esta tortura ha acompañado desde siempre a los conglomerados humanos en cualquier parte del planeta y bajo diferentes, nombres, esquemas, pretextos y acciones; POR SUPUESTO, son los que menos pueden los que más deben obedecer la medida.

Un caso ejemplar era el supuesto y famoso Robín de Lockley, mejor conocido como Robin Hood, que en el Reino Unido le desgració la vida durante años, según la leyenda, al sheriff de Nottingham arrebatando a escuderos los tributos que el pueblo otorgaba obligadamente a la corona. En resumen le quitaba al rico para darle al pobre, pues.   

Acá, en este país de desaparecidos que no se hallan, muertos que no se cuentan y servidores públicos que se sirven precisamente de lo público para su propio beneficio, estaban los aztecas, quienes exigían un tributo a los pueblos conquistados, pudieran o no cumplir.

El punto es que, según dicen, esa lanita que nos arrebatan con singular alegría, es canalizada para el pago de servicios que permitan operar bien a ese gran e inútil aparato y sus incomprensibles divisiones y subdivisiones, las mismas que han desgraciado al país desde hace varias décadas.

III. Buenas intenciones

No estoy en contra de ayudar a nuestros semejantes, todo lo contrario. Poder contribuir de alguna forma al bienestar de otros, especialmente si se trata de niños, es una forma de evidenciar que aun hay cierto grado de compatibilidad, respeto y aprecio por la vida.

Por eso reconozco una medida como el llevado y traído Teletón, que desde hace no sé cuántos años y lágrimas de “Lucerito” organiza Televisa en México, para recaudar fondos que luego son usados para construir Centros de Rehabilitación, 21 hasta ahora en todo el país.

Pero entonces recuerdo cómo son y están las cosas y me “asaltan las dudas” (como dicen los clásicos).

Nosotros cumplimos, a fuerzas, pero cumplimos; usted y todos los que pagamos impuestos, voluntaria o involuntariamente. Por ejemplo y para mencionar uno, cualquier producto o servicio que adquiera en este país tiene IVA. Cualquier cosa.

Entonces, si estamos cumpliendo con nuestra parte, ¿por qué el Estado no cumple con la suya? Su obligación no es que sus titulares anden luciéndose la noche del lloriqueo eterno ofreciendo parte de su sueldo ante las cámaras de televisión para demostrar lo buenos que supuestamente son, sino garantizar el acceso universal a la salud.

Además, si Televisa tiene para pagar millones a una actriz y garantizar así que su talento no caiga en otras televisoras, seguro puede ayudar al Estado a construir y mantener dichos centros por lo menos unos tres o cuatro años en lo que nuestras carteras se recuperan de tanto aumento a servicios y tan pocas monedas al salario… ¿o no?

alejandro.evaristo@milenio.com