Pa' no molestar

“No la chiflen, es cantada”

¿En serio? ¿“Carmelita” Salinas de diputada federal? El argumento en el partidazo es que ella “ha defendido al pueblo mexicano desde el medio artístico y ahora tendrá la oportunidad de hacerlo desde la tribuna”. ¿Si? Porque hay licenciados y profesionistas del Revolucionario Institucional que con todo y sus conocimientos no han podido ni querido hacer algo memorable por este país de roedores bípedos, aunque sí se han enriquecido. ¿Cuál sería su propuesta?, ¿clases de albur obligatorias en las escuelas?

“Ay m’hijito, sales con cada payasada…”.

Un poco de cine

Birdman fue la elección y fui a verla para entender por qué tanto premio. Una buena propuesta la del mexicano González Iñarritu, sin duda, pero (desde mi muy particular punto de vista) hasta ahí. Por momentos resulta bastante tediosa, aunque la rescatan la increíble musicalización hecha por Antonio Sánchez usando únicamente una batería y, por supuesto, la inmejorable actuación de Michael Keaton que, por cierto, sí le fue reconocida con premios como el Globo de Oro, el del Sindicato de Actores, el Critic’s Choice Movie Awards, el Gotham, el del Festival Internacional de Cine en Chicago, el Independent Spirit, el Satellite y no sé cuántos más.

El actor es recordado por sus actuaciones en Bettlejuice y Batman (ambas del director Tim Burton), pero tiene en su haber varias cintas que son ampliamente recomendables para quienes no hayan tenido la oportunidad de verlas.

Si de algo vale, me permito sugerir dos de ellas: My life (1993), de Ron Howard, que protagonizó junto con la hermosa Nicole Kidman, en la que da vida a un enfermo de cáncer, y The paper (1994), en la que interpreta al periodista Henry Hackett y comparte créditos con Glenn Close, Robert Duvall y Marisa Tomei, entre otros.

Cinemex y el PVEM

Si algo resulta bastante molesto es acudir a un sitio para adquirir un producto o un servicio y que los responsables de ofrecerlo o prestarlo pretendan enjaretar un extra que no interesa, no se necesita y no se quiere.

¿A qué me refiero? Un ejemplo común son los bancos. Usted acude a pagar algún servicio (luz, agua, teléfono, predial…) o su tarjeta de crédito o a depositar alguna cantidad de ahorro. En el lugar, no falta el jovenazo con traje (o al menos corbata) o la chica maquillada que preguntan si ya cuenta con tal tarjeta, si desea suscribirse a algo o si le interesaría contar con “x” o “y” producto. Incluso las propias personas responsables de atender en caja le ofrecen tarjetas de crédito y demás. 

En este caso son las salas cinematográficas, a las que asisto porque quiero ver avances de nuevas producciones, disfrutar de una película y vivir todas esas sensaciones que provoca la música, la imagen, el diálogo, el silencio, la presencia o la ausencia… disfruto sentir miedo, descargar adrenalina, entristecerme, divertirme, asombrarme y hasta enojarme.

Lamentablemente, además de soportar la publicidad de los productos que se venden en el lugar, escuchar a los irrespetuosos vecinos de butaca murmurar a diestra y siniestra y a otros contestar sus teléfonos celulares, ahora hay que padecer también los promocionales de las acciones que se han implementado “gracias” al Partido Verde Ecologista de México.

YO NO PAGO para ver publicidad de un partido político que solo ha beneficiado a sus dueños y al PRI y tampoco para que en la sala cinematográfica pretendan “adoctrinarme” con la ideología de una rémora del sistema político mexicano.

¿Profeco? Jajaja.

Ls recomendación literaria

Esta semana tuve la oportunidad de leer El Cuento de la Isla Desconocida, de José Saramago, y a pesar de que las del portugués no son precisamente mis lecturas favoritas, debo confesar que me ha dejado un excelente sabor de boca.

La historia gira en torno a un hombre que desea hallar una isla desconocida en un mundo en el que ya no hay más tierra por descubrir en los mares. El sujeto en cuestión decide acudir con el rey para pedirle un navío y poder emprender su aventura. Sin mayor idea de cómo hacerlo, recibe el favor del monarca quien, a regañadientes, atiende la petición.

La aventura del hombre en esta empresa es relatada sin mayores aspavientos por Saramago en una narrativa ágil que despierta la imaginación y la mantiene presa en cada palabra.

Lo que en lo personal no me gustó, es el uso de los signos de puntuación. Ignoro si se trate de la traducción o es decisión editorial o fue así determinado por el autor, pero hay un excesivo e inadecuado uso de comas (de acuerdo con las reglas gramaticales). Esta obra fue escrita en 1998 bajo el título original de O Conto da Ilha Desconhecida.

Como sea, ¿quién soy yo para cuestionar a un Premio Nobel de Literatura?

http://twitter.com/@aldoalejandro