Pa' no molestar

¿Te acuerdas que antes estaba loca?

Ella estaba sentada en el asiento contiguo a la ventanilla y en su apariencia sobresalían tres cosas. La primera, las manos entrelazadas, como orando; la segunda, una bolsa para mandado cuidadosamente doblada bajo ellas y, la tercera, una permanente sonrisa en el rostro octagenario de profundas arrugas.

Viaja sola, aunque dice no estarlo, y de espaldas al trayecto del transporte público porque no quiere saber lo que viene. Ya no quiere saber más. Prefiere ver lo que pasa y recordar lo sucedido tras el cristal de esa vida que ya no comparte con alguien porque está sola, aunque se niega a aceptarlo. Sus manos evidencian un problema de reumatismo y sus ojos de nube piden, exigen atención médica especializada para poder distinguir sin problemas los rostros que hay tras las sonrisas, los abrazos y las palabras de consuelo que desde hace meses ha escuchado, después de quedarse sola…

 

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Ella dice que es la “líder” de su grupo, representa a todas las mujeres que tienen ganas de trabajar por el partido, por su comunidad, su estado y su país. Es una chica comprometida que gusta de prepararse, capacitarse y con las ganas y agallas suficientes para hacer del poder lo mejor que se puede hacer con el poder: usarlo, al menos eso dicen quienes dicen ser sus amigas, las mismas que han compartido su cama y deseos.

Ella, es verdad, es bastante inteligente, como la mayoría de las de su género, aunque en su particular caso tal característica es acentuada por una increíble cantidad de perversión y malicia que solo sus más cercanos conocen. Los demás debemos conformarnos con su rostro siempre sonriente, sus enormes extremidades y el oscurecido tono de su piel siempre dispuesta, siempre brillante, siempre a la vista.

Luego de meses y meses de trabajar la firmeza de sus trapecios y, evidentemente, los esternocleidomastoideos, sin olvidarnos de los bucales y los glúteos y demás compañeros musculares, ha logrado para sí a politiquillos de esos por los que nadie daba un peso y ahora caminan en pasillos dignos de la más alta estirpe. Por eso ha viajado al extranjero y por eso “estudia” maestrías, diplomados, cursos y un montón de cosas más para demostrar al mundo, su mundito, que es capaz, que puede y que merece ser ella la primera. No la otra. Ella.

Ya ha aprendido que el alcohol y el volante no hacen una buena combinación (dos veces), y algún día toda su inteligencia le permitirá confirmar que sus enemigos naturales no lo son, que sus carnes se rendirán ante el poder de la gravedad sin importar la cantidad y calidad de cirugías y que el femenino de “líder” es “lideresa”…

 

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La decisión se tomó hace tiempo. El dedazo no fue reciente y él lo sabe. Para poder llegar al lugar que ahora ocupa debió lastimar sus rodillas varias veces en varios sitios con varios sujetos de su misma calaña. Y los pliegues de su cuerpo y las hendiduras y orificios naturales fueron ocupados a fuerza de humillación, castigo y maldiciones taladrando sus oídos virginales. Lo disfrutó. Gozó con ello y ello le transformó en la bestia que ahora se dedica a prostituir jovencitas en sitios para adultos. El sonido de su nombre en los altavoces es una especie de llave para abrir las cadenas que apresan a cientos de hetairas en cuartuchos de 35 pesos la hora y moho en los recuerdos y humedad en las miradas. También le responsabilizan de la desaparición de muchos y muchas aquí y especialmente allá, en los sitios donde su nombre no es tan familiar y los vecinos de los afectados no son sus vecinos y sus rostros son desconocidos.   

“Mientras más importante eres más despreciable te vuelves…”, esa frase la escuchó anoche, en el canal de Paramount, mientras se limpiaba el polvo blanco de la nariz y engullía un poquito de más. Collin Farrel está atrapado en una caseta telefónica y la voz en el auricular le controla, le dice qué hacer, qué decir, cómo actuar. “Enlace mortal” es una buena cinta, piensa mientras abre la boca y sigue tragando...   

 

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Las puertas se abren y cada tanto salen y entran personas. Hombres, mujeres, niños, ancianos. Uno de ellos subió por la parte de atrás y avanza despacio al frente

Doña Lupe se siente feliz cuando se percata de la presencia del joven. Un vecino de antes, era muy amigo de su hijo y ahora está frente a ella.

Quién sabe por qué dejó su auto y ahora usa el transporte público. Ha crecido. Ha envejecido como ella aunque no tiene su edad, pero un día la tendrá y entonces sabrá y vivirá en carne propia todo este dolor y sufrimiento y…

-          Lupita, qué gusto. Cómo está, le dice el hombre mientras hace un ademán de abrazarla, lo cual resulta imposible dado que hay un asiento, un pasajero y algo de distancia entre ambos.

Bien, m’hijo, gracias a Dios, ¡Gloria a Dios!, ¡Gloria a Dios!, grita la mujer mientras aplaude y los demás, todos los usuarios que esa tarde se dirigen a un sitio cercano al de su destino, le observan sin juzgar, aunque alguien allá, al otro lado de la unidad hace un gesto recriminatorio.

- Cómo ha estado, cómo se siente, ya pasaron varios meses y estamos preocupados en casa. Le hemos llamado y su teléfono siempre suena ocupado…

Si, mhijo, lo que pasa es que esos aparatos son del demonio y yo no soy una mujer para el demonio. Yo quiero ser una buena persona, quiero ser una mejor mujer para que m’hijito desde allá donde está ahora se sienta orgulloso de mí y le diga cosas buenas de mía a mi Dios hermoso, ¡Gloria a Dios!, ¡Gloria a Dios!

- Bendito sea Dios que la encontré y que está bien y contenta y repuesta, como si nada…

Pues ya qué hago m’hijo. Tu amigo está a su lado y desde el cielo me cuida, me protege y me habla, entonces pues yo me dedico a vivir y a abrazar a todos porque todos son mis hermanos y a todos los quiero mucho, bueno a algunos los quiero más, como a ti, porque eres el amigo preferido de m’hijo. Además, ¿qué puedo hacer?, ¿seguir llorando? No papito, si Diosito dijo que se lo llevaba fue por algo y yo no voy a andar por la vida recriminando o llorando. ¡Gloria a Dios!, ¡Gloria a Dios!

- Gloria a Dios, Lupita. Pues qué gusto verla tan repuesta y que no le haya afectado la m…

¿Te acuerdas que antes estaba loca? Pues ahora soy vidente y entonces camino y si me encuentro a alguien como tú lo abrazo y le digo que Dios lo quiere y lo ama y le tiene preparado un gran destino…

 

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Miles de aplausos y sonrisas y gritos. Papelitos de colores fondean el primero de sus triunfos y tras él su gente. La familia partidista, la familia de sangre y la familia de mentiras. Están todos y todas y ellas y ellos están felices porque cada uno en su mundito jura y perjura que esta vez sí habrá cientos de miles de oportunidades para todos.

Desde las alturas en las que fue encumbrado por un pequeño grupo, agradece el gesto, el apoyo, el abrazo solidario. No puede deshacerse de la sonrisa porque él sabe que la oportunidad de oro ha llegado y es tiempo ya de demostrar que ellas y ellos y todos forman parte de un mismo universo en el que lo más importante es ser feliz y obedecer a los que mandan para ser feliz. Él ahora será parte, si Dios quiere, de ese selecto grupo de decididores, será el más pequeño, el nuevo, el producto de años y años de esfuerzo y trabajo a brazo y corazón y calzón partido.

A sus pies está toda la estructura del estado, toda la fuerza del partido, todas las almas y conciencias conquistadas gracias a mentiras que siguen siendo verdades. También hay bocas libres y manos amistosas. Ahí está ella, la justiciera de las huestes femeninas. La “líder”.

Por dos segundos, quizá tres, suspende la algarabía y la oscuridad entera se cierne entre sus ojos mentirosos, los inconcebibles blanquecinos dientes y el grandioso pero inútil pliegue de los enormes pechos que luchan por mantenerse ocultos como sea que sea posible… pinche vieja.    

 

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Es momento de hacer planes, lo sabe, pero ¿será prudente reconocer que hay errores?, ¿estará bien señalar los desaciertos?, ¿qué esperan ellos?, ¿qué querrán los que creen que deciden?

Tiene pinta de estudiante. Lo es, aunque no está matriculado en escuela alguna es perfectamente consciente de que no se necesita un papel para identificar los problemas ni un título para proponer soluciones.

Sabe de cierto que la pobreza, la inseguridad y la cada vez más cuestionada labor de las Instituciones son los asegunes que deben enfrentar los que quieren representarnos. También sabe que algunos solo hablan porque tienen boca y que otros son simples reproductores de las mismas voces que producen los cientos de miles de millones de murmullos para distraer y maquillar esta triste realidad mexicana.

Tengo mis planes y mis propias armas y nuestras propias convicciones basadas en un hecho innegable pésele a quien le pese: “Yo decido”, ese será el lema y la campaña porque el poder es nuestro y nadie, absolutamente nadie seguirá viéndonos la cara y robando y asaltando a la Nación, al pueblo… el pensamiento del hombre fue interrumpido entonces por un grito que a nadie sorprendió en el camión: ¡Gloria a Dios!, ¡Gloria a Dios!.

 

alejandro.evaristo@milenio.com