Pa' no molestar

Usted tiene el mando y ellos la obligación de obedecer…

El lugar que ahora habito es una casa ubicada dentro de un grupo de otras en iguales circunstancias. Al menos la gran mayoría. A excepción de cinco o seis inmuebles de proporciones diferentes con sus respectivos jardines (dos verdaderamente hermosas), las casi 70 u 80 viviendas del sitio están ubicadas en apenas seis calles y frente a un enorme montículo de Tierra que a su vez alberga una gasolinera, una tienda de conveniencia y una chelería de mala muerte que abre por las noches de miércoles a sábado.

Los clasemedieros optimistas le llaman fraccionamiento. Para los jodidos que como yo esperan con ansia la llegada de la quincena con una pila de cuentas sobre la mesa, el estómago medio vacío y un sistema digestivo hecho pomada, no se trata más que de una enorme vecindad de vías estrechas, como mi cartera, y vecinos nefastos, como mi suerte. Bueno, no todos.

Hay honrosas excepciones.

A la izquierda vive una pareja de maestros jubilados, los únicos de la cuadra con quienes llevo una "buena relación" que se puede describir por unos ocasionales "buenos días/tardes/noches", je, quizá por eso. El único problema con ellos es su hija y su novio, un par de jóvenes despreciables por su actitud y más por su maldito afán de estacionar su auto justo en mi entrada.

Si "Cancia" o "Christine" siguieran en mi poder (qué ridícula manía de poner nombre a las cosas) seguro ya habría tenido dos o tres conflictos con ellos.

Enfrente vive una familia que apenas he visto en los últimos dos años. Me caen bien por ello. No se meten con nadie y no hacen escándalos. El señor es doctor, parece un buen hombre y la única vez que hemos intercambiado saludos se mostró bastante amigable.

Tal vez por la edad o probablemente por la profesión, su semblante es reflejo fiel de las buenas maneras y de una condescendencia que a simple vista no resulta ofensiva. Su esposa es un poco más joven y tiene una enorme y agradable sonrisa que prodiga a diestra y siniestra mientras riega sus flores y saca a la calle recipientes con agua y alimento para gatos, lo que por supuesto ha convertido su hogar en una especie de club felino porque ahí llegan -tarde o temprano- todos los mininos de la cuadra, incluyendo a Andovas, mi hermoso peludo de cuatro patas y genio inaguantable.

Con ellos vive un joven bastante introvertido y, al igual que el padre, respetuoso y atento; al igual que la madre, amante de los animales y buen ser humano.

La peor parte de esa vecindad son los habitantes de la casa ubicada al otro lado, a la derecha. Qué asco de gentuza…

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Hoy es la última primera oportunidad que hay para reconfigurar esta sociedad maltrecha. Es jornada electoral y, luego de semanas de escuchar, ver y soportar noticias, propaganda y publicidad de todo un grupo de valientes(sic) que -dicen- quieren servir al pueblo, por fin habremos de ir a nuestras respectivas casillas a elegir "al más conveniente", aunque yo diría "al menos peor".

Es chistoso. Si en algo coinciden todos, sin importar el color del traje que visten y el tamaño de la cartera que les representa, es en el hecho de que afirman conocer la problemática que aqueja a la ciudadanía, primero, y en la necesidad de plantear soluciones conjuntas que permitan llevar a esos grupos y sus familias, a mejores estadíos laborales, educativos, sociales, económicos, políticos y demás, después.

Sus graciosas majestades se dan baños de pueblo y fingen escuchar, pretenden el sufragio adulando al votante y desde ya empiezan a planear las cifras y los numerales que, con sus respectivos ceros, ingresarán cada mes a sus cuentas bancarias o a las de los prestanombres que no tienen. Se pasearon por las comunidades de sus respectivos municipios, distritos y estado para ofrecer de todo a todos. Total, dicen por ahí que "prometer no empobrece… dar es lo que aniquila".

Y la campaña pasó así, sin más. Largos días de discursos y negociaciones en lo oscurito; personajes carentes de propuestas reales y tangibles; sonrisas y abrazos repartidos a diestra y siniestra; coronas de flores, bastones de mando y poses, muchas poses. ¿Un ejemplo?, claro, con todo gusto: "Yo voy a generar empleo", no maestro, tú no vas a generar nada, lo hará como siempre la iniciativa privada y, como siempre y como todos, también disfrazarás la cifra para vanagloriarte y poder usar los laureles que eres incapaz de merecer. Porque empleos temporales, es cierto, se generan a diario por miles, los que faltan son los otros, los permanentes.

Prometen más y mejor infraestructura para los sistemas de salud y educativo y se agradece, aunque también habría que recordarles que los compas que viven en la sierra, o en el monte, lejos de las zonas urbanas y especialmente de sus cómodas cajas de cristal, también requieren un poquito de todo eso que ya hay en las urbes y está, por decir lo menos, bastante relegado, por muy bonito que lo pinten y por muy excelso que luzca.

Como sea, debo reconocer que las campañas me divierten porque casi al término los suspirantes se dan hasta con la cubeta, se lanzan toda clase improperios y hasta escenifican verdaderas telenovelas en las que la muchacha, el muchacho, los buenos y los malos, forman parte de esa gran hetaira en que sus partidos, ellos y sus antecesores, han convertido a la política mexicana.

La parte mala del asunto es que de entre todos ellos hay que elegir a uno…

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Cuando recién llegué a la cuadra, hace unos dos años, la primer persona con la que pretendí establecer contacto era la vecina de al lado, justo a la derecha de mi nuevo hogar. Pero mis atentas "buenas tardes" al parecer no eran dignas de la reina, quien me lanzó una mirada de desprecio y rencor de aquellas que cuando uno enfrenta dice "uy, qué miedo".

Es una mujer malencarada y grosera.

El buen Gilberto me comentó alguna vez que era doctora y que trabajaba en el Hospital General. No puedo imaginarme a la señora tratando a seres humanos de salud debilitada y capacidades disminuidas por enfermedad o accidente. De verdad, qué miedo. Preferiría enfrentarme al Ronald, al Pennywise, al Bozo, al Cepillín y al Platanito juntos, antes de dejar que la tipa esa me coloqué un curita en la rodilla.

Recuerdo que cuando firmé el contrato para rentar, el casero me hizo dos advertencias básicas: nada de fiestas, juergas o escándalos y si hay mascotas hay también la obligación de mantener limpias las áreas comunes, así que a recoger las heces y cuidarles. Así está en el reglamento interno del fraccionamiento.

Poco tardé en confirmar que en las organizaciones vecinales, los acuerdos escritos también son letra muerta.

Un martes de guardia regresé a casa alrededor de la una y media de la mañana y menuda sorpresa me encontré al escuchar la fiesta que traían los jóvenes de al lado, hijos de la mujer malencarada y enemigos acérrimos del descanso y la sana convivencia.

No entraré en detalles por cuestión de espacio, solo le diré que esa noche, al igual que los otros vecinos de la calle, no dormí.

Como soy enemigo de los problemas gratuitos y sin sentido, opté por ignorar a esa hermosa familia durante meses. Ellos en su cochinero y yo en el mío. Punto y santo remedio, hasta que un fatídico día, la muy infeliz tocó a mi puerta y sin mediar saludo o algo que denotara algún rasgo mínimo de educación, me pidió un cuchillo para poder abrir e ingresar a su casa porque había olvidado las llaves dentro. Con toda atención y cordialidad atendí su petición y no solo eso, fui a ayudarle, abrí la puerta y le espere a que entrara. Ni siquiera lo agradeció…

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Contrario a los desencuentros con esos personajes, porque yo no pude elegir a las personas que vivirían a mi alrededor, este día usted y yo tenemos esa posibilidad y responsabilidad. Esa es precisamente nuestra mejor "arma".

De nosotros y nuestros votos depende el empoderamiento de cualquiera de los que buscan "representarnos" en el Congreso o dirigir alguna de las administraciones en el nivel municipal o estatal.

Nuestro trabajo apenas inicia con la elección y de ninguna manera termina al depositar la papeleta en la urna.

Tenemos la obligación y el compromiso de exigirles.

Exigir, sí. Ellos no nos hacen ningún favor, tienen la obligación de acatar la ley y de cumplir con aquello para lo que serán electos, así como usted y yo tenemos la obligación de pagar impuestos, cumplir con un horario laboral y respetar la ley a pie juntillas.

Así que primero le sugiero, invito y conmino a ejercer su derecho ciudadano y acudir a las urnas. Elija usted a quien considere que mejor puede representarle o dirigir los destinos de cualquiera de los municipios y el estado y prepárese, después de ello, habrá que organizarnos realmente como sociedad para que esta raza de ventajosos (la clase política mexicana) en verdad trabaje, rinda cuentas reales y de verdad desquiten las increíbles cantidades de recursos que se autoasignan por desgraciarnos la vida, los bolsillos y el futuro del país… Ya no más. Usted tiene el mando y ellos la obligación de obedecer…

alejandro.evaristo@milenio.com