Pa' no molestar

Pinches Reyes

Ayer llegaron los Reyes Magos. Miles, millones de pequeños amanecieron con la sonrisa en los labios y la emoción al límite por los dulces, los juguetes, la sorpresa. La misma que usted y yo sentimos a esa edad. Cuando las ilusiones y esperanzas se manifiestan en los más pequeños detalles y momentos de la vida…

I. Cuestión de tradiciones

En la biblia hay referencia sobre los míticos personajes pero no datos concretos sobre su origen, acciones y demás detalles que, para el caso, podrían ser insignificantes.

El asunto es que de acuerdo con el “buen libro”, los tres (cuatro dicen otros, pero uno se perdió más de 33 años en su camino hacia Belén) reyes magos (o sabios según algunos especialistas en el tema) fueron guiados por una estrella (u objeto volador no identificado) en su viaje al pesebre (granero, establo) donde nació Jesús (el mesías, el Cristo, el hijo de Dios).

Llegaron, se postraron y le adoraron con obsequios: un cofre lleno de oro, que era el regalo común para los reyes de entonces; otro repleto de incienso, el mismo artículo que se quemaba en los templos para honrar a los dioses, y otro más conteniendo mirra, la sustancia que se usaba entonces para embalsamar a los muertos en aquella época.

Años después del asesinato de Jesús, inició una tradición en Europa (Francia) en la que los miembros de un núcleo familiar se reunían alrededor de la mesa para compartir una rosca de pan adornada con dulces y fruta cristalizada dentro de la cual se colocaban habas para simbolizar la huída y salvamento de la persecución que inició Herodes para impedir (sin éxito) la llegada a la tierra del también llamado Hijo del Hombre. La semilla cambió poco después y su lugar fue ocupado por la figura de un niño hecha en porcelana y luego evolucionó por la que ahora conocemos (en plástico). La tradición ordena que “quien sea el afortunado en sacar al mono tendrá que pagar los tamales el 2 de febrero”.

Para los creyentes y seguidores de aquel hombre, cortar el pan y revisar que efectivamente la figura está ahí, es sinónimo de bendiciones y buena fortuna…

II. Deseos y caprichos

Los niños saben que recibirán algo, al menos la gran mayoría. Quienes tienen la oportunidad escriben una carta o se la dictan a sus padres y la envían al cielo con un globo, la colocan en el árbol o la esconden en un zapato. Los reyes magos tendrán la obligación de hallarla y cumplir el anhelo infantil sin desilusionar a los pequeños seguidores (o al menos tratar de hacerlo). Estos, querido lector, se llaman deseos.

Los adultos también los tenemos, pero hay una clase muy particular de este país en los que el calificativo y acepción sobre el mismo hecho o acción cambia de nombre. Esa clase es de esos, de los que creen que el servicio público es una inmejorable oportunidad para servirse a manos llenas y despreciar a la gente que dicen representar. Usted póngale nombre y color al personaje de su preferencia, de cualquier forma todos huelen a lo mismo sin importar el género, la edad, el tamaño, los estudios y convicciones o asegunes.

Unos hoy y otros después, pero se formarán en sus respectivas sedes partidistas esperando “el milagrito de Reyes”: la oportunidad para “competir” por una curul en el Congreso federal, lo cual es sinónimo de cantidades ofensivas de dinero, excesivo tiempo libre, impunidad y protección legalizada sin importar el tamaño de estupidez que digan o hagan y, el fabuloso recibimiento por la borregada: “señor@ diputad@”.

Dicen que quieren llegar para servir, que buscan el bien común, que harán esto y aquello y un montón de rollos más. No dudo que habrá alguno incluso que repetirá la fórmula del “te lo firmo y te lo cumplo”, total si no cumplen, nada pasa. El punto es que quieren llegar para tener la oportunidad de alcanzar un puesto mayor, de ser vistos, de servir al gobernador o presidente en turno para que les tomen en cuenta y en algún momento puedan ser ellos el propio gobernador o jefe en turno.

El chapulinaje en su máxima expresión puede ser visto en cualquier puesto de cualquier nivel en cualquier sitio de este país: no importa si se es una mujer de fuerte y corporal presencia o un hombre de una inteligencia envidiable… o al revés. Todos tienen que pagar el costo para satisfacer el capricho y no importa cuánto haya que soportar, tolerar, deshacer u olvidar, algún día tendrán la oportunidad de cobrar con creces lo que tienen o tuvieron que pagar para estar entre los probables “elegidos”.

III. Señalamiento

Debe ser feo tener que pagar para que te reconozcan y regalar algo para que te quieran.

alejandro.evaristo@milenio.com