Pa' no molestar

Pedro Navajas

El nombre de Alexandra Acomovic Popovic no le resultará familiar. Ella fue, es, una mujer guapísima, de gran porte y una mirada de esas que matan y arrebatan. Sasha Montenegro es ícono innegable del llamado “cine de ficheras” de la década de los 70’s en nuestro país, con una increíble cantidad de cintas en las que dio vida a prostitutas, tenderas, doctoras, psicólogas, amas de casa y una gran cantidad de personajes más.

Ella conquistó el corazoncito priista del presidente José López Portillo y Pacheco, el que se puso a llorar en la más alta tribuna del Congreso diciendo entre sollozos que defendería el peso como un perrro…

El punto es que ella, la señora Montenegro, es una actriz reconocida, de talento, hermosa y es referencia obligada de toda una época en el llamado séptimo arte de este ensangrentado México.

I.  Para leer

El Conde Montecristo es quizá el texto que más he disfrutado.

Desde la primera vez que tuve la oportunidad de leerlo, he admirado la capacidad que tuvo el maestro Dumás para dar vida a tantos personajes e involucrarlos en una trama alrededor de Edmundo Dantés. Él en sí mismo es el rostro de la venganza y también un verdadero maestro en asuntos de dinero que mantiene un subrayado especial en los pequeños detalles.

Con el suficiente tiempo, la entereza necesaria, el coraje y las ansias, el personaje logra generar la trama de acuerdo a sus fines y objetivos, con éxitos y fracasos, pero siempre en el entendido de que a cada acción, corresponderá una reacción.

Y así son las cosas: cada decisión que tomamos determina nuestro futuro.

No pretendo arrebatar el puesto a los grandes pensadores o panelistas que luego vienen a adoctrinar a los jóvenes priistas de este maravilloso estado, solo deseo recordar y mantener presente que soy producto de mis decisiones… y espero que usted de las suyas y no de las de terceros.

II. De visita

El Rehilete es un museo que brinda a chicos y grandes la oportunidad de aprender y un real ejemplo de que la ciencia y la diversión son un binomio interesante y, si a ello agregamos el Dinoparque, pues la experiencia es única.

En el museo se juega con el arte, se aprende tocando y manipulando. El visitante puede descansar sobre una cama de clavos y divertirse con su imagen distorsionada en algún espejo; aprende sobre física, astronomía, computación y más. Evidentemente, quienes más disfrutan son los pequeños, aunque los descubrimientos asombran también a los mayores, sin duda.

La cereza del pastel es el Dinoparque, donde hay representaciones a escala en fibra de vidrio de esos enormes reptiles que hace miles de años habitaron este planeta. Cada uno cuenta con una ficha informativa que permite determinar su tamaño y características físicas.

Ambos sitios deben ser visita obligada para quienes lleguen esta temporada a la capital hidalguense…

III. Realidades

Sasha Montenegro fue “La Tijuana” en la película “Pedro Navajas”. Ya saben, la versión cinematográfica de aquel tema del panameño Rubén Blades grabado en 1978. La película se estrenó en 1984 y aparecían también Andrés García, Maribel Guardia y Adalberto Martínez “Resortes”.

Ella era la figura, el rostro, el cuerpo, la mujer deseada por todos. Baila como ninguna y manipula como muchas. El personaje es especial para Pedro Navajas.

Es una película basada en traiciones, violencia y vicios.

Estoy describiendo una cinta de los 80’s. Infortunadamente, es la misma descripción de la actualidad mexicana, aunque no atino a determinar quién interpreta al padrote, quiénes a las suripantas y quién al pinche borracho.

Por la esquina del viejo barrio lo vi pasar

con el tumbao que tienen los guapos al caminar;

las manos siempre en los bolsillos de su gabán

pa’ que no sepan en cuál de ellas lleva el puñal.

Usa un sombrero de ala ancha de medio la’o

y zapatillas por si hay problemas salir vola’o,

lentes oscuros pa’ que no sepan que está mirando,

y un diente de oro que cuando ríe se ve brillando.

Como a tres cuadras de esa esquina una mujer

va recorriendo la acera entera por quinta vez,

y en un zaguán entra y se da un trago para olvidar

que el día está flojo y no hay clientes pa’ trabajar.

Un carro pasa muy despacito por la avenida

no tiene marcas pero to`os saben que`s policía.

Pedro Navaja las manos siempre dentro’ el gabán

mira y sonríe y el diente de oro vuelve a brillar...

Mientras camina pasa la vista de esquina a esquina

no se ve un alma está desierta toa’ la avenida.

alejandro.evaristo@milenio.com