Pa' no molestar

Muchas pinches felicidades

Antes de empezar con el tradicional bombardeo de ideas y recuerdos, permítame desear a usted y a su familia que 2015 sea un año lleno de salud, amor, éxito, trabajo y dinero, solo recuerde que las cosas no llegan solas y que es necesario poner de nuestra parte para alcanzar un mejor estadío y calidad de vida.

Recuerde que el siguiente es año electoral, así que una gran cantidad de personajes se presentarán como mesías y redentores de la democracia. Escúchelos, déjeles pavonearse con cientos de miles de promesas y créales que su firma ante notario vale algo pero, por favor, no olvide que se trata de lobos disfrazados de imbéciles, nefastos, ineptos, mediocres, idiotas y demás. No importa el color del partido y el tamaño de la plataforma, todos buscan más cosas para su bolsa…

Ah y sólo para que quede constancia, no sé si a usted le interese recibir felicitaciones de alguno de los miles de los funcionarios de este país, a mí me interesa más que realmente se pongan a trabajar y dejen de desgraciarnos la existencia.

Para recordar

Hace años cayó en mis manos un libro de esos que son inolvidables. De Darrel T. Hare, Ramar. El conejo con alas de arcoíris representa una descripción animada de todas aquellas buenas características de los seres humanos, solo que entre animales. Nunca los insectos fueron tan amables y jamás los pequeños mamíferos tan sabios.

La prosa es sencilla, detalla y llama a las cosas por su nombre sin necesidad de caer en nostalgias innecesarias relacionadas con el amor y la esperanza.

En pocas palabras, es un texto asombroso desde el inicio hasta el punto final.

“Ramar nunca se cansaba de tejer formas de entendimiento con las cosas que iba aprendiendo, con cada idea, con cada experiencia y con cada sentimiento. Las tejía hilo por hilo, y las iba pasando hacia aquí y hacia allá hasta formar un tapiz de verdad que se hacía más claro cada día que pasaba…”.

Esa es una de la enseñanzas más hermosas que he aprendido jamás de un libro infantil.

El homicidio del lenguaje

Una de las grandes novelas del siglo XX es “A sangre fría”, del maestro Truman Capote. Recuerdo haber leído una edición que fue prologada por Clara Sánchez, quien describe los personajes, comenta los hechos y termina por asegurar que “se trata de una de las aventuras más fascinantes de la narrativa contemporánea”, afirmación que por supuesto comparto.

Es una novela de asesinatos, investigaciones y conclusiones descritas mediante un inmejorable uso del lenguaje por parte del maestro Capote.

Leyendo dicho texto, me pude percatar de la belleza del lenguaje, de la importancia de los signos de puntuación y del peso que estos tienen en las frases, oraciones y expresiones que escribimos cuando los aplicamos y usamos correctamente.

Por eso siento rabia, coraje y hasta tristeza cuando leo los boletines y comunicados que llegan a esta redacción desde los escritorios de los jefes de prensa de la mayoría de las oficinas de comunicación social de Hidalgo, dos o tres harían la excepción, pero la gran mayoría, si me perdonan la expresión, parecen haber sido hechos con las patas…

Bienvenido 2015

“El hombre se comprende a sí mismo sólo y suficientemente si comprende los procesos de la evolución en virtud de los cuales se hizo lo que hoy es”. Así detallan los que saben el pensamiento y obra del premio nobel de medicina Lorenz Konrad. De ser así, entonces, en este país de mentiras, abusos y mediocridades, el grado de comprensión de la clase política es inversamente proporcional al grosor de sus cuentas bancarias y no a su compromiso con una patria que se tambalea gracias a su mediocridad, avaricia e incapacidad para resolver los grandes pendientes.

Ni usted ni yo tenemos la capacidad histriónica para conseguir una exclusividad millonaria y poder comprar una casa de millones de pesos; no tenemos a nuestro alcance el poder como para beneficiar a un grupúsculo a cambio de favores y migajas; no somos tan famosos como para ser tomados en cuenta aun cuando de nuestros labios surjan vaguedades e imprecisiones; no somos ni hijos, ni primos, ni hermanos del presidente o alguno de sus secuaces y tampoco tenemos a un pariente en el sindicato para garantizar un cómodo futuro.

En este México de simulaciones hay suficientes culpas como para ser distribuidas equitativamente entre todos y cada uno de sus habitantes, pero siempre he dicho que no se trata de buscar culpables, sino de hallar soluciones, así que sólo tengo que idear la forma correcta para distribuir nuestras riquezas y lograr que haya alimentos en todas las mesas, casas para todas las familias, educación gratuita y de calidad para todos y, especialmente, una correcta aplicación de la justicia…

Lo olvidé. No existen los Reyes Magos…

alejandro.evaristo@milenio.com