Pa' no molestar

Historia de un viajero…

Estudió derecho, pero siempre tuvo ese afán por conocer y recorrer nuevos lugares. Años después empezó a cumplir su sueño.

Conocí a Sergio Gutiérrez Cuadros hace muchos años, mientras cursábamos la educación media superior, allá en la década de los 80’s. Estudiamos juntos algunos semestres y hasta jugamos americano representando a la gloriosa preparatoria 5 de la UAEM y luego tomamos caminos diferentes: él se decidió por las leyes y yo por la información.

Como decía, estudió derecho, pero se dio cuenta de que no era precisamente lo suyo y tomó la nada sencilla decisión de abandonar la profesión: “cuando me decidí a dejar el derecho, lo que podía hacer fue la docencia. Entré a dar clases a una Escuela Técnica en Turismo y me acercó a esta rama. Un colega me invitó a una buena práctica en Huatulco, pero en principio no quería ir porque tenía varios grupos y no podía ausentarme mucho. Lo que me hizo decidirme fue que en la calle vi cómo atropellaron a un perrito y caí en la cuenta de que en muy poco tiempo todo puede acabar y nos quedamos con ganas de hacer cosas nuevas. A partir de allí, no más miedo a los cambios…”.

Recuerda que el primer sitio que visitó en México fue Teotihuacan, “el lugar en que los hombres se convierten en dioses” y de ahí le nació una gran fascinación por los sitios arqueológicos e históricos, aunque le encantan las ciudades coloniales, como Guanajuato y Zacatecas, así como Playa del Carmen…”.

Sergio trabaja como auditor nocturno en un hotel allá en Playa del Carmen, en el municipio de Solidaridad en el estado de Quintana Roo.

Cuando viaja, dice que lo hace “ligero” y, además de los cambios de ropa y sus implementos de limpieza personales, siempre lleva consigo un lector de libros y música: “ahora estoy leyendo el Quijote de la Mancha por el placer de leer sin que sea asignatura escolar. Estoy leyendo libros que me obligaron a leer en la escuela, como los cuentos de Oscar Wilde”.

Fuera del país, su primer viaje fue a “la madre patria” y lo primero que conoció fue Madrid. Confesó que esperaba sentir un choque cultural, pero dadas las semejanzas no hubo tal. Su estancia le permitió concretar otro de sus más grandes anhelos, el de visitar los más conocidos museos, así que pudo ir al museo del Prado y admirar Las Meninas, considerada la obra maestra de Diego Velázquez.

El más reciente fue a Argentina, en donde visitó Buenos Aires, Bariloche y el Calafate, acompañado de las tiras de Mafalda y la música de Soda Stereo y ya anda planeando su próxima escapada: “quisiera conocer Xilitla (en San Luis Potosí) y hacer el recorrido en tren de Barrancas del Cobre (en Chihuahua).

Viajar no es barato y mucho menos al extranjero, ¿cómo le haces? Ahorro, tengo una vida simple que me permite ahorrar sin sacrificios, sin apegos a bienes materiales. Aprovecho las vacaciones que me da la empresa y busco ofertas o paquetes de viaje en oferta.

Le pregunto por el viaje que más ha disfrutado y me dice que todos, aunque reconoce que cada uno ha sido especial: Egipto, Jordania e Israel, por ejemplo, por lo enigmático y un verdadero choque cultural; los glaciares, por la magnificencia de la naturaleza. Ahora su nueva meta está en las auroras boreales.

¿Crees que México tiene algo que envidiar a otros destinos turísticos alrededor del globo?

Sí. El respeto a sus riquezas naturales e históricas. Por desgracia la explotación sin control nos hará quedarnos sin nada. Y podemos ser sustentables pero no, es enriquecerse unos cuantos a costa de todo.

A los jóvenes deseosos de conocer y viajar les recomienda dejarse maravillar, no perder la capacidad de asombro y buscar oportunidades de viajar de acuerdo a sus posibilidades. Tarde o temprano los sueños se vuelven realidad: lo que me ha funcionado es no forzar las cosas, no obsesionarse. Si llega, bienvenido; si no, otras cosas igual de interesantes llegarán.

Sergio ha estado en Madrid, España; París, Francia; Heildenberg y Munich, en Alemania; Innsbruck (Austria); Verona, Venezia, Florencia, Roma (Italia); El Cairo, Luxor y Aswan, en Egipto;  Aqaba y Petra, en Jordania; Belén, en Cisjordania,  y Jerusalén, Caphernaum y Nazareth, en Israel; Buenos Aires, Bariloche, el Calafate e Iguazu, en Agentina y Cusco, Machu Picchu y Lima, en Perú.

Por supuesto ha recorrido gran parte del territorio nacional y sabe que cada sitio tiene su magia y todos los ha disfrutado, aunque podría vivir en miles de lugares, pero lo que más me gustaría una cabaña en el bosque y mucho frío. Ese sería mi lugar ideal… Algún día.

alejandro.evaristo@milenio.com