Pa' no molestar

Arte erótica para disfrute de algunos

El Consejo Estatal para la Cultura y las Artes informó ayer que la obra cinematográfica de Lars von Trier “Ninfomanía Vol. 1”, que forma parte de la oferta de la 56 Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional, será exhibida este sábado en el teatro Guillermo Romo de Vivar. El filme aborda básicamente la historia de una cincuentona y un extraño que la encuentra golpeada en la calle y decide ayudarla, lo que le permite conocer su historia marcada por una afición desmedida a las prácticas sexuales, antes conocida precisamente como ninfomanía, y hoy mejor definida en el término hipersexualidad, que se refiere al “aumento repentino o la frecuencia extrema en la libido o en la actividad sexual”.

El tema, tabú antes y ahora, es para quienes realmente disfrutamos del erotismo en cualquiera de sus manifestaciones y expresiones, artísticas y no, en el entendido de que es un placer particular que, cuando es compartido, trasciende la simple sensación corporal y provoca estados que son, por decir lo menos, de absoluto éxtasis.

Para el caso de la cinematografía hay muy valiosos ejemplos sobre el arte del erotismo a partir de todo tipo de situaciones, formas, medios, colores, sabores, sonidos, gustos…

Sin ser experto en el tema, me permito comentar aquí algunas de las cintas que, desde mi punto de vista, son claro ejemplo de las pasiones relacionadas no sólo con la práctica sexual, sino con ese mundo oculto en nuestras habitaciones y, en ocasiones, hasta de nuestras respectivas parejas.

Si no los primeros pero sí los más acertados atisbos al arte erótico en el cine, me parece, se hicieron a través de películas como “El Graduado” (1967, dirigida por Mike Nichols y la actuación de Con Dustin Hoffman, Anne Bancroft, Katharine Ross, William Daniels, Murray Hamilton y Elizabeth Wilson, entre otros) y “Verano del 42” (1971, dirigida por Robert Mulligan con la participación de Jennifer O’Neill, Gary Grimes, Jerry Houser y Oliver Conant). La trama básicamente es el naciente amor de la adolescencia por una figura adulta oculta en un inalcanzable que, luego de una serie de situaciones, logra concretarse para bien de los jóvenes protagonistas y sus caprichosos deseos carnales. 

Y fue precisamente la década de los 70’s en el siglo pasado cuando el cine erótico es especialmente aprovechado por directores como Giovanni Tinto Brass, responsable de la filmación de una de las películas más polémicas en la historia del cine, Calígula (1979), que aborda la vida del emperador romano y los diferentes encuentros carnales que sostiene con miembros de su corte y su propia familia previo a su llegada al trono y hasta su muerte.

En esa década surge también una de las cintas de mayor impacto, la producción franco-japonesa “El Imperio de los Sentidos”, de 1976, dirigida por Nagisa Oshima. Es la historia de una prostituta (Sada) que trabaja como parte de la servidumbre de un hotel en Tokyo y que se hace amante del propietario del inmueble (Kichi), con quien lleva la pasión a grado tal que el hombre termina muerto por asfixia erótica. Una relación de poder que terminó en una interdependencia corporal, sexual, anímica, moral y psicológica.

En 1981, Brass resurge con “La llave”. Una historia novelada sobre la vida familiar de los dueños de una posada en Italia, sus pasiones, deseos y necesidades expuestas al mejor estilo del director.

Algunos años más tarde aparecería Mickey Rourke. Quién no recuerda “9 Semanas y Media” (1987), del director Adrian Lyne y, evidentemente, a la coprotagonista Kim Bassinger en el papel de Elizabeth. Ella trabaja en una galería de Nueva York donde conoce a John con quien inicia y sostiene una relación de sexo desenfrenado y sentimientos encontrados.

Dos años después llega “Orquídea salvaje” (1989), dirigida por Zalman King. La hermosa Carré Otis interpreta a Emily, una abogada que viaja a Brasil acompañada por una no menos bella Jacqueline Bisset en el papel de Claudia, quien se encuentra a su ex pareja Wheeler (Mickey Rourke) con quien descubre deseos y  abraza tormentosos encuentros que en nada afectan la relación laboral y mucho menos la corporal.

Y la cumbre, el pináculo del erotismo, surge con “Henry and June” (1990, Philipp Kaufman) y luego “Delta of Venus” (1995, Zalman King). Ambas relacionadas con la increíble y no menos hermosa escritora Anais Nin; por la relación que sostuvo con el literato Henry Miller y la segunda detalla las razones para escribir sobre erotismo.

Repito, no soy experto en el tema, pero sin chistar le recomiendo cualquiera de las cintas mencionadas.

¡Seguro habrá final feliz!

http://twitter.com/aldoalejandro