Yemen: Mil días de horror

Como suele sucederme en muy variados temas, una vez más me descubro absolutamente ignorante en todo lo relativo a ese país llamado Yemen, que se encuentra ubicado en el sur de Arabia Saudita.

Gracias a un reportaje en un periódico español me entero de una realidad que es alarmante, pero tristemente solo para la gente de aquel lugar, pues nosotros no solemos enterarnos de algo que nos queda “demasiado lejos”, en toda la extensión de la palabra. Copio de la representante de Unicef.

El país está al borde de una de las hambrunas más terribles de la era moderna. Quería empezar este artículo contando qué ha pasado en Yemen desde el mes de marzo, cuando se cumplieron dos años de guerra en el país.

La historia de Ali, quien estaba en el área de tratamiento del cólera y conectado a la vida a través de fluidos intravenosos. El pequeño tiene siete años y no creo que pesara en aquel momento más de 15 kilos. Estaba literalmente en los huesos. La mirada perdida. Intentamos varias veces que nos hablara, pero él no estaba ahí, solo su cuerpo huesudo y su mirada perdida.

Ali se salvó, pero muchos menores han muerto este año. Las tasas de desnutrición siguen siendo de las más altas del mundo, con casi dos millones de pequeños desnutridos y, de ellos, 385,000 con desnutrición severa aguda. Aunque Unicef provee tratamiento y cuidados a una gran parte de ellos en esta situación, muchos regresan de nuevo al programa de tratamiento porque en sus casas no tienen nada que comer.

En este contexto, el brote de diarrea aguda (cólera) que ha asolado Yemen este año, volverá porque las infraestructuras de salud en colapso y la falta de agua y alimentos son sus caldos de cultivo. Afectando a casi un millón de personas, no pudo llegar en peor momento. El sistema de salud estaba ya colapsado, sin presupuesto por parte del gobierno, con todos los profesionales de la salud sin cobrar desde octubre de 2016, y con la mitad de los centros de salud cerrados. Gracias al trabajo de la Organización Mundial de la Salud y otras agencias de Naciones Unidas y ONG, se consiguió controlar el brote y manejar la situación. Pero el cólera volverá, porque las infraestructuras de salud en colapso y la falta de agua y alimentos son sus caldos de cultivo. A esto hay que sumarle un brote de difteria que se está extendiendo en el país. Ahora mismo estamos todos concentrados en hacer llegar las vacunas necesarias, que con un poco de suerte (y mucho trabajo) llegarán a la capital: Saná.

Estos días de diciembre se cumplen 1,000 días de conflicto. Solo pedimos a los hombres que deciden, que por favor, paren la guerra ya.

Está claro que desde aquí no podemos hacer casi nada por toda esa gente, pero no enterarnos de lo que les está pasando –en esta época de comunicaciones maravillosas– me resulta también injusto.

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