El rencor

Tú sientes rencor por alguien? No cabe duda que ésta es una buena pregunta. A muchas preguntas se les puede responder con otra pregunta, como por ejemplo: ¿Qué es exactamente rencor? o ¿qué entiendes tú por rencor? ¿Rencor será acaso sentir desagrado por alguien que te ha hecho alguna ofensa? o ¿No estar dispuesto a volver a dirigirle la palabra? o ¿Desear que le suceda algo malo, incluso la muerte?

Sentirse molesto por las ofensas recibidas es normal. Ahora bien, con mucha frecuencia quienes ofenden no se dan cuenta de que otros se sienten molestos por lo que hicieron. De hecho también es común que con lo que hacemos no queríamos ofender o molestar a otros.

Copio aquí unas preguntas sobre dicho tema planteadas por Mons. Javier Echevarría en su carta de abril de este año: ¿Sabemos perdonar desde el primer momento las ofensas recibidas, que muchas veces no son tales, sino fruto de nuestra imaginación o exageraciones de nuestra susceptibilidad? ¿Nos esforzamos por cancelarlas del corazón, sin volver una y otra vez sobre esos temas?

El rencor es un sentimiento que puede ser controlado por la voluntad. Es decir, uno puede perdonar si se lo propone. Con frecuencia la persona rencorosa no quiere perdonar, pues le parece que al hacerlo traiciona a la justicia, ya que el ofensor debe pagar por lo que hizo. Y esto se aplica tanto cuando las ofensas han sido dirigidas hacia uno mismo o hacia algún ser querido. Aquí se puede considerar que perdonar al agresor sería traicionar a quien uno ama.

El tema no es fácil. Con frecuencia confundimos recordar con guardar rencor. Es normal, también, acordarnos que nos ofendieron, pero guardar rencor es no querer perdonar. Si vienen a nuestra memoria las ofensas recibidas y procuramos meter aquellos recuerdos en la trituradora para no desear algún mal conseguiremos librarnos de ese fantasma que no nos deja descansar. Es decir, que cuando decidimos perdonar nos estamos purificando nosotros.

La experiencia nos demuestra que los rencores, cuando no los combatimos en nuestro interior sólo nos dañan a nosotros mismos. Nos estamos autoenvenenando. En cambio, los supuestos agresores pueden ni siquiera enterarse de que tenemos esos sentimientos negativos. Y, aunque lo sepan, puede ser que les dé lo mismo.

Aquí está una de las claves de la verdadera salud mental: Aprender a perdonar. No podemos decir que esto sea fácil, sobre todo para algunas personas que están acostumbradas a odiar y no desperdician ni el menor espacio para atacar, insultar, criticar. Quizás eso los hace sentirse superiores a los demás. ¡Pobre gente!

Muchos sabemos que el papa Francisco ha declarado este tiempo como el año de la misericordia. Para quienes tenemos la dicha de saber que Dios existe y es misericordioso esto es una gran cosa, pero al mismo tiempo nos compromete a seguir el ejemplo de quien dejó las comodidades del Cielo, para venir a nacer en un mugroso pesebre y vivir entre gente maloliente y casi al final de su paso por este planetita se dejó crucificar para pagar una deuda que no era suya. Y todo eso lo hizo por el amor que nos tiene.


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