Que los quemen vivos

Ahora tenemos la oportunidad de enterarnos de todo lo bueno y todo lo malo que sucede cerca y lejos de nosotros en tiempo real. Lógicamente, las noticias graves llegan a nosotros con más rapidez, y cuando el número de calamidades se multiplica, se crea un ambiente de reclamo social comprensible, pero muy peligroso.

Qué lógico es que, en ocasiones, a todos nos pasen por la cabeza los reclamos de justicia ante las graves injusticias que a diario se cometen en todas partes, lo cual no es incorrecto si dichos reclamos están encaminados a exigir que se proceda conforme a las leyes y procesos justos, y no por un afán desmedido de venganza.

La experiencia demuestra que violencia llama a violencia. Que no respetar el orden social sólo serviría para trasmitir el poder a quienes tampoco son perfectos, y no fueron elegidos mediante un proceso democrático.

Por otra parte, qué alegría da constatar que la sociedad despierte de su letargo y levante su voz para exigir que los servidores públicos cumplan con aquello a lo que se comprometieron al ser elegidos.

Cada día resulta más urgente que quienes están involucrados en la delincuencia, sean detenidos, juzgados y castigados conforme a las leyes, y que éstas sean reformadas para conseguir el escarmiento necesario, y así podamos alcanzar la paz a la que todos tenemos derecho.

Protestar, exigir, proponer, colaborar, sí. Cero corrupción y cero impunidad, sí… Éste, y no otro, es el camino; pues de lo contrario podemos terminar como una jauría de lobos hambrientos, cometiendo las mismas o peores injusticias que tanto nos irritan.

Cuidado. No perdamos de vista que todos llevamos una fiera dormida dentro, y que si la despertamos, antes de comerse a otros, nos devorará a nosotros para poder salir.

 

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