Hombres y hembras

Resulta imposible determinar una fecha aproximada en la que se haya dado origen al llamado movimiento feminista. Son muchos los hechos, personas e ideologías que han despertado la conciencia de millones de personas en los cinco continentes logrando grandes cambios, aunque todavía resultan insuficientes y, sobre todo, no satisfactorios, para quienes están vivamente involucrados en estos temas.

A diario me encuentro ante serios problemas matrimoniales, y de noviazgos, en los que aparecen los típicos reclamos por falta de entendimiento. Pero cada vez me convenzo más que muchas personas comprometidas en estas batallas, suelen tener otros tipos de dificultades con personas de su mismo sexo, quedando claro que no siempre la culpa la tiene el hecho de ser hombres o mujeres, sino que podemos pensar en factores como la necesaria convivencia diaria, el reparto de responsabilidades, el desorden personal en temas económicos, y muchos más, que afectan la sana convivencia. Claro está, que no podemos subestimar las diferencias propias entre los dos sexos.

Lo que queda claro es que los humanos somos seres sumamente complejos, y complicados. Lo anterior me resulta esclarecedor para tratar de romper esquemas simplistas que pretenden marcar diferencias irreconciliables entre los dos sexos.

En mis esquemas mentales me resulta absurdo el afán de promover actitudes hostiles dentro del marco “feminista”, cada vez que se presenta a los hombres como los dominadores que se han propuesto sojuzgar a sus compañeras. Pienso que con las típicas frases de: No debemos permitir…, no te dejes…, ya estuvo bien de aguantarte…, y muchas otras por el estilo, con frecuencia lo que se consigue es que los problemas empeoren.

Por otra parte, y ahora que se habla tanto de la famosa tolerancia, se corre el peligro de caer en una dañina aceptación de lo inadmisible, es decir, de la violencia física, psíquica o económica, y no se trata de soportar todo. No todo debe ser tolerado.

Opino que en el afán de ayudar al reconocimiento de la dignidad de la mujer no siempre se le han ofrecido los mejores medios para conseguirlo. En no pocas ocasiones los resultados han sido peores a los males que se procuraba resolver.

Estos temas son tan delicados, que no admiten argumentos o recetas prefabricadas aplicables a todos los casos. Todos somos diferentes y cada pareja también. La experiencia nos dice que pretender resolver los problemas a base de propagandas bélicas suele provocar que los conflictos crezcan dañando a propios y extraños.

Personalmente no estoy de acuerdo, por poner un ejemplo concreto, en denominar “sexo opuesto” a los hombres desde la perspectiva femenina, o a las mujeres, desde la masculina. Creo que es más propio hablar del “sexo complementario”. Y esta otra visión, no solo es más conciliadora, sino más objetiva.

Es cierto, no todos los problemas matrimoniales se pueden resolver por las buenas, con razonamientos objetivos, pues, entre otras cosas, siempre nos encontraremos el amargo ingrediente del orgullo que lo echa todo a perder.

Cada día resulta más urgente el ejercicio de “restauradores” o consejeros matrimoniales profesionalmente bien capacitados. Ojalá que haya universidades que contemplen carreras que cubran esta importante necesidad social.