Esa otra forma de ver la vida

Benedicto XVI le dijo a un grupo de jóvenes: en numerosas partes del mundo existe hoy un extraño olvido de Dios. Parece que todo marcha igualmente sin Él. Pero al mismo tiempo existe también un sentimiento de frustración, de insatisfacción de todo y de todos.

Dan ganas de exclamar: ¡No es posible que la vida sea así! Y de este modo, junto al olvido de Dios existe como un boom de lo religioso.

No quiero desacreditar todo lo que se sitúa en este contexto.

Puede darse también la alegría sincera del descubrimiento.

Pero, a menudo la religión se convierte casi en un producto de consumo. Se escoge aquello que agrada, y algunos saben también sacarle provecho. Pero la religión buscada a la "medida de cada uno" a la postre no nos ayuda. Es cómoda, pero en el momento de crisis nos abandona a nuestra suerte.

Los libros, el cine, la internet y en general todos los medios en la actualidad, nos presentan estilos de vida que muchas veces resultan atractivos, pero se corre el peligro de la decepción, e incluso de la depresión, cuando se descubre que aquello era fi cticio, simples espejismos de felicidad o de autorrealización hábilmente presentados, pero llenos de vacío. En cambio, conocemos iniciativas tanto a nivel individual como de grupos, las cuales se abren sinceramente al servicio de otros, de esos seres reales que viven cerca de nosotros o con nosotros.

Existen hoy formas de voluntariado, modelos de servicio mutuo, de los cuales justamente nuestra sociedad tiene necesidad urgente. No debemos, por ejemplo, abandonar a los ancianos en su soledad, no debemos pasar de largo ante los que sufren. Si pensamos y vivimos en virtud de la comunión con Cristo, entonces se nos abren los ojos. Entonces no nos adaptaremos más a seguir viviendo preocupados solamente por nosotros mismos, sino que veremos dónde y cómo somos necesarios.

 

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