No me falta nada

Cuentan que un maestro universitario preguntó a sus alumnos ricos. ¿Hay entre ustedes alguien que lo tenga todo? Uno dijo: Yo tengo todo. Tengo casa, autos, membresía en club de golf y casa de campo. El profesor le preguntó: ¿Y lancha? No. Lancha no tengo. Otro tomó la palabra y dijo: Yo tengo todo. Tengo casa, casa de campo, membresía en un club de golf y lancha. El profesor le dijo: ¿Y avión? No. Contestó. Avión, no. Entonces otro se levantó y dijo: Yo tengo todo. Porque el sábado mi hermana llevó a su novio a la casa. El muchacho tiene rastras, 20 tatuajes, y 15 piercings, y mi mamá dijo: Nada más esto nos faltaba.

A diario son muchos los que se proponen convencernos de que necesitamos muchas cosas... claro; lo que ellos venden.

Son aquellos que sobreviven gracias a las ayudas de los vecinos, en lugares donde no hay servicios de luz, agua y pavimentación.

No cabe duda de que los esquemas vitales son muy distintos.

Es de llamar la atención el famoso Black Friday en Estados Unidos –último vienes de noviembre, después del Día de Acción de Gracias y primer día de las ventas de Navidad, con grandes descuentos– durante el cual muchos millones de personas se lanzan a las tiendas a comprar todo tipo de cosas.

Lo más llamativo de esto es que los artículos que adquieren suelen ser banales.

Sabemos que el vicio de comprar se da en gente de todos los países, y que ello puede llevar a la ruina personal y familiar, pero como todos los vicios, puede dominar la razón hasta alcanzar peligrosos excesos.

La templanza es un hábito que nos ayuda a usar y disfrutar de gozos y bienes con moderación, sin dejarnos arrastrar por caprichos y antojos. Nos hace más libres.

Esta actitud es muy sana en cualquier etapa de la vida, pero convendrá formarla desde la más tierna infancia.

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