Todo está bajo control

De mi grata estancia en Roma, hace ya más de 30 años, recuerdo las noticias en la televisión sobre el crecimiento del río Tíber, durante una época de intensas lluvias. El conductor del programa solía decir cosas como: “El alcalde de la ciudad visitó tal puente e informó que la corriente del río creció tanto, ayer se inundaron tales colonias; pero afirmó que todo está bajo control”. Después de varios días, en que se repetían las mismas informaciones aunque con datos nuevos, pude darme cuenta de que, al hecho de saber cuánto habían crecido las aguas, y conocer qué barrios se habían inundado, lo denominaban: “Todo está bajo control”.

También en nuestras vidas hay algunos asuntos desordenados, a los que probablemente nos hemos acostumbrado manteniéndolos “bajo control”.

Son innumerables los ejemplos de realidades que están mal, y que todos lo sabemos, pero seguirán así mientras nosotros no tratemos de corregirnos antes de corregirlas.

Un filósofo irlandés comentaba en una conferencia, que él se había hecho famoso en su país, dado que tomó la decisión de pensar dos veces por semana; pues la inmensa mayoría de los humanos piensan una vez al semestre.

Muchas de nuestras decisiones se basan en los sentimientos y suponemos que estamos pensando; pero con frecuencia desconocemos el motivo de nuestra elección, y mucho menos, si aquello se adecua a nuestra naturaleza como seres humanos.

Por esto podemos caer en las redes de la mercadotecnia, que nos promete hacernos guapos, libres y ricos, cada día con más facilidad, y a un bajo costo.

De todo ello podemos deducir que, hoy por hoy, pensar se ha convertido en un lujo y que al igual que la salud, no debería depender de un status social; ni económico; ni siquiera del nivel académico; sino de la calidad humana de cada individuo.

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