Las chicas buenas

Con frecuencia nos extrañamos del comportamiento de aquellas jóvenes quienes, al salir de sus casas para estudiar una carrera en otra ciudad, o que después de titularse frecuentan los antros y toman mucho más de lo conveniente y, además llevan un noviazgo licencioso, o de plano viviendo con el novio.

Lo anterior quizás no asuste a algunos, pues todo esto se ve en las películas y en los programas de televisión como situaciones normales.

Pero sí cuando estas jóvenes fueron educadas en colegios particulares y con una marcada inspiración religiosa. Hace poco me comentaba su asombro una recién casada, al ver el comportamiento de sus ex compañeras de clases.

Yo, como suelen decir por ahí: "Pensando para mis adentros" comparaba a estas damitas con esos yates de lujo, construidos con tecnología de punta y equipados con sistemas de navegación y de comunicación de gran calidad, pero a los que los sorprende un tsunami cerca de la playa, y todas aquellas inversiones terminan rotas y amontonadas unas encima de otras en muelles o en calles y edificios arruinados por la fuerza incontrolable de las aguas.

¡Qué fuerza tiene el ambiente social! No me extrañan las lógicas ansias de libertad de los jóvenes, cuando quieren experimentar por sí mismos experiencias que les han sido presentadas como peligrosas o inconvenientes por sus padres y profesores. Además, es frecuente el amor a lo prohibido y a lo peligroso. Es aquí donde debemos cuestionarnos en cómo poder preparar a hijos y alumnos, para descubrir sus propias capacidades, a la vez que desarrollan sus personalidades, y sabiendo resistir a la atracción de un mundo sumamente atractivo, pero a la vez peligroso, pues no son pocos los que terminan demasiado lastimados por las revolcadas que les dan esas olas gigantescas.

Está claro que los famosos rollos no son bien recibidos. Más bien, son los odiosos rollos, que suelen producir efectos contrarios a lo que se pretendía.

Muchos padres tienen miedo a que sus hijos se lastimen desde pequeñitos y los sobreprotegen. Así, por ejemplo, no les enseñan a ejercer su libertad, y llega el momento en que estos crecen y, como los barcos no están hechos para permanecer amarrados al muelle, se van sin capacidad para enfrentar o eludir las tormentas, y regresan tristes y derrotados a la casa paterna con hijos y sin marido, o sin hijos ni esposa, pues los corrieron de sus casas.

Quizás convenga hacer uso de los famosos cineclubes familiares para ver tantas historias que ayuden a pensar, analizando, situaciones que se presentan a diario y en todas partes.

Sin duda, el ejemplo de los padres será el mejor referente para esta importante labor.


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