Periodismos: “sano” y “nefasto”

No resulta raro que muchos de mis colegas periodistas levanten la voz ante las afrentas que suelen recibir quienes se ganan la vida sirviendo a sus conciudadanos a través de tan delicada profesión.

Con justa razón mencionan los muchos crímenes y amenazas de todo tipo que han padecido, y padecen, aquellos que se atreven a hacer un periodismo responsable, valiente y honrado, arriesgando sus vidas, publicando las faltas de ética y los delitos de funcionarios, políticos y mafiosos. (Nota: Entendiéndose que estas cualidades pueden ser acumulativas).

Con frecuencia, quienes exponen estos lamentables hechos, suelen quejarse porque las autoridades no brindan la protección necesaria a los comunicadores. Aquí me permito anotar que esto me resulta desatinado, pues parece inoperante que cada comunicador pudiera contar con un servicio de escoltas para su protección.

Por otra parte no cabe duda que, como sucede en todos los ámbitos de la vida humana, esta moneda tenga también dos caras. En el día a día, todos habremos participado en conversaciones donde afirmamos que no se puede confiar en lo que dicen ni los periódicos ni la televisión, pues muchas veces habremos comprobado en carne propia la falta de objetividad en las notas periodísticas, cuando no la clara deformación de los hechos, e interpretaciones tendenciosas, muchas veces, incluso, sabiendo que quienes publicaron aquellos reportajes y editoriales actuaron extorsionando a los interesados.

Es triste reconocer que dentro de esta noble profesión, desafortunadamente, existen, también, muchas prácticas antiéticas, inmorales y delictivas… Donde entra el factor humano cabe el desorden, y si ese factor es atraído por cuestiones económicas o políticas, el resultado resulta nefasto. Conclusión: También entre nosotros se requieren cambios.

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