¿Pequeño o insignificante?

Con frecuencia escuchamos que a las cosas pequeñas se les llama “insignificantes”. Sin embargo, son términos que no debemos confundir, pues insignificante significa que algo no tiene significado, y la experiencia diaria nos hace descubrir que hay muchos asuntos que, siendo pequeños, tienen un enorme y claro significado, sobre todo para determinadas personas.

Los ejemplos son innumerables, pero no quiero quedarme con las ganas de mencionar algunos. Entre los enamorados siempre hay palabras y gestos que pueden pasar desapercibidos a los extraños, pero no entre ellos.

Esto resulta especialmente importante al enterarnos que muy raramente se nos presenta la oportunidad de hacer cosas grandes, pero siempre tenemos entre manos.

Aprender a vivir aprovechando las cosas pequeñas puede convertirnos en ese tipo de personas que cambian el mundo para hacerlo mejor, o podemos dejarnos arrastrar por la mediocridad de quienes cobardemente se esconden en su comodidad matando inútilmente el tiempo.

Resulta triste descubrir que muchos jóvenes no tienen un ideal valioso por el qué vivir, y así, con facilidad se sumergen en gastar su tiempo entreteniéndose, disfrutando las maravillas que la técnica les ofrece, pero al final del día tendrían que reconocer que no hicieron nada… nada valioso.

Las crisis que estamos padeciendo en nuestro tiempo tienen mucho que ver con esa visión simple del hombre, según nos enseña San Josemaría Escrivá en el punto 279 de Camino: “ La gente tiene una visión plana, pegada a la tierra, de dos dimensiones. Cuando vivas vida sobrenatural obtendrás de Dios la tercera dimensión: la altura, y, con ella, el relieve, el peso y el volumen”.

Si aprendiéramos a vivir queriendo, superando el simple instinto de supervivencia en el que se quedan tantos, podríamos transformar nuestro mundo real, pero insípido, en un universo sabroso y rico en colores y fragancias.

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