Ingrata pérfida

Hoy quiero acudir a la agudeza del famoso Chava Flores en una de sus muy conocidas canciones que dice así:

Ingrata pérfida,  romántica insoluta, tú me estrujates todito el corazón.

Y yo, benévolo, hablábate de amores y decíate mi anémica pasión.

Burlábates todita, de mi ánimo extasiado, andábates creyendo que iríame yo a matar.

Pero fallóte y ecuánime reprocho, tu intrínseco deseo que indúceme a olvidar.

Salga lo que salgare, ahora te involucro, en las sucias maniobrias, que usates para mí.

Ingrata méndiga; palabras no son obras; ahora tú me sobras y yo te falto a ti”.

Si “palabras no son obras” —como bien apunta el maestro Flores— también es cierto que: “obras son amores”. Por eso vale la pena poner atención a lo que la experiencia diaria nos dice acerca de las mujeres. Los invito a seguir este relato que un buen amigo me hizo llegar:

Unos esposos estaban viendo televisión al final del día, cuando ella dijo a su marido: Hoy estoy muy cansada; ya me voy a dormir. Pero antes pasó a la cocina a preparar unos sandwiches para la lonchera de los niños, lavó los platos de la cena, sacó del congelador la carne para el almuerzo del día siguiente. Revisó que hubiera cereal, llenó la azucarera, puso los cubiertos en la mesa y preparó la cafetera. Colocó algunas prendas de ropa en la lavadora, planchó unas camisas y pegó un botón que faltaba en una blusa. Guardó unos juegos que estaban sobre la mesa y puso la agenda telefónica en su sitio. Regó las plantas, tiró la basura, y colgó una toalla para que se secaran.

Bostezó y se fue para su cuarto, pero se detuvo en el estudio y escribió una nota para el profesor, colocó dinero en un sobre para un examen médico, acomodó un cuaderno que estaba debajo de la silla. Preparó una tarjeta de felicitación para una amiga, selló el sobre, hizo una pequeña lista de mercado. La tarjeta y lista las colocó cerca de la cartera. En ese momento oyó al esposo desde la sala que le dijo: Pensé que te habías ido a dormir. Ajá, en eso estoy —contestó ella—. Le puso agua al perro y se aseguró de que las puertas estuvieran bien cerradas.

Entró a los cuartos de los niños y los besó, apagó la luz, colgó una camisa, guardó unos calcetines en la canasta de la ropa sucia y habló un poco con el hijo mayor que todavía estaba estudiando. Ya en su habitación preparó el despertador, y sacó la ropa para el día siguiente, sin olvidar los zapatos. Después se lavó la cara, se puso la crema, se lavó los dientes y se arregló una uña partida. En ese momento el esposo apagó la televisión y dijo: Me voy a acostar y después de pasar al baño, así lo hizo, sin mayor problema.

¿Se nota alguna diferencia? Algunos se preguntan por qué las mujeres viven más. Quizás porque son más fuertes.