La Iglesia y la política

En un estudio de Pablo Arce Gargollo podemos leer:

"Debe tenerse en cuenta que la Iglesia realiza su misión salvadora con personas de carne y hueso y en épocas históricas concretas, de ahí que no se puede prescindir de la dimensión temporal (social, cultural, política, económica). De ahí que la Iglesia tiene, como parte de su misión salvadora, el clarificar, con la luz de la revelación que le ha sido confiada por Dios, todo el complejo ámbito de la actividad humana y salvaguardar -cuando sea necesario- la dignidad de la persona y sus derechos fundamentales.

Por política puede entenderse, la ética de la polis (sociedad civil). Es decir, el conjunto de los principios que regulan las relaciones sociales en orden a la consecución del bien común.

Ahora bien, la jerarquía de la Iglesia puede y debe hablar de política, es decir, de los principios éticos que deberán regir la "polis".

Nunca, en cambio, deberá hacer política partidista.

"Es de justicia que pueda la Iglesia, en todo momento y en todas partes, predicar la fe con auténtica libertad, enseñar su doctrina social, ejercer su misión entre los hombres, sin traba alguna, y dar su juicio moral, incluso sobre materias referentes al orden político, cuando lo exijan los derechos fundamentales de la persona o de la salvación de las almas, utilizando todos y sólo aquellos medios que sean conformes al Evangelio y al bien de todos según la diversidad de tiempos y de situaciones". (Gaudium et spes, 76).

La Iglesia está formada no sólo por los obispos y los sacerdotes, sino por los fieles laicos, quienes de ningún modo pueden abdicar de la participación en política, es decir, de la multiforme y variada acción económica, social, legislativa, administrativa y cultural destinada a promover orgánica e institucionalmente el bien común.

Queda claro que en el ámbito sociopolítico hay un amplio margen de indeterminación, dentro del cual caben múltiples opciones.

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