Excomunión por aborto

No hay argumento válido que justifique el crimen del aborto. Matar a un inocente nunca se podrá justificar. Quienes lo han hecho, o están arrepentidos, o de lo contrario, manifiestan que su juicio moral es nulo, o hay una gravísima deformación en él. Tristemente se pueden encontrar muchos casos de aquellos que, junto con sus hijos, han matado voluntariamente a sus conciencias para no escuchar sus reclamos.

Para quienes tenemos la experiencia de haber escuchado confesiones de personas que han practicado abortos, nos queda muy claro que, a diferencia de lo que suele suceder en relación a otros pecados, los penitentes suelen arrastrar un sentimiento de culpa de forma desgarradora y permanente a lo largo de muchos años.

La autoridad máxima de la Iglesia (en este caso fue Juan Pablo II, en el Código de Derecho Canónico de 1984, en su canon 1398), decretó que incurren en la pena de Excomunión Latae Sententiae aquellas personas que participan directa o indirectamente, en un aborto "efecto secuto", es decir, cuando se provoca voluntaria, y realmente, la muerte del concebido.

Hay dos tipos de excomunión: las Latae Sententiae que no requieren el dictamen de un juicio (entiéndase que se incurre en ellas de forma automática por el simple hecho de cometer el delito) y las Ferendae Sententiae, que exigen la acción de un tribunal para dictar sentencias.

Lo que motiva la existencia de estas penas eclesiásticas es tratar de disuadir, para que nadie se atreva a cometer este tipo de pecados.

Las excomuniones por el delito de aborto están reservadas a los obispos, que a su vez pueden delegar en otros sacerdotes.

El papa Francisco ha dispuesto que, con motivo del Año de la Misericordia que dará inicio el 8 de diciembre del presente año, todos los sacerdotes de la Iglesia podamos levantar la excomunión por el delito de aborto. Lo cual no significa que se disminuya la apreciación como pecado gravísimo, sino que se facilite, a quienes realmente se arrepientan de haberlo cometido, para que vuelvan a la amistad con Dios. Con ese Dios que vino a salvar a los pecadores y que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.


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