¿Escuelas normales?

En nuestro país solemos llamar Escuelas Normales a aquellas donde se prepara a los futuros profesores de educación básica y media (preescolar, primaria y secundaria), sin embargo, desafortunadamente, para propios y extraños, estas instituciones aparecen ocasionalmente como protagonistas entre las notas periodísticas en hechos violentos.

Unas veces como víctimas, y otras como agitadoras.

Muchas otras veces son los mismos profesores, los actores de hechos vandálicos, cada vez que sienten afectadas sus prebendas.

Desafortunadamente el digno oficio docente es visto con reticencias en la mayor parte de la sociedad, no por reclamar sus derechos, sino por los métodos utilizados.

Es de todos sabido que muchos de los movimientos magisteriales están orquestados por los sindicatos.

Resulta imprescindible entender que el sindicalismo es una figura de gran valor social que ha beneficiado a la llamada clase trabajadora. Indudablemente esta forma asociativa se ha manifestado a nivel mundial como un recurso de primer orden, pero, como todo fenómeno humano, corre el peligro de ser corrompido o deformado.

Desde hace bastante tiempo en México están prohibidas las escuelas normales particulares.

Es decir, el Estado se ha adueñado o, dicho en otras palabras, tiene el monopolio de estas instituciones, supuestamente para velar por el bien común. ¿Qué pasaría si esta misma política se aplicara a los hospitales y clínicas, o al comercio de determinados productos? En otras épocas funcionaban muchas escuelas normales particulares, de las que salían maestros y maestras bien capacitados, recibían una formación moral que favorecía la sana convivencia social con una visión integral de la persona. No recuerdo que de dichas instituciones salieran promotores de desórdenes sociales ni nada por el estilo.

Si la posibilidad de enseñar es un derecho del ser humano, no puedo entender lo que a mis ojos es un flagrante abuso de autoridad.

Al igual que sucede con múltiples escuelas de enfermería y de otras carreras, como también de oficios, soy de la idea de que el Estado habría de plantearse el admitir de nuevo que se promuevan escuelas particulares para formar maestros, que beneficiaría enormemente la calidad educativa de nuestros niños y, por lo mismo, de toda la sociedad.  


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