El pudor para niños de seis años

Yo soy una persona, y tengo un cuerpo con brazos, manos, dedos y uñas. Tengo ojos, oídos, piel, que cubre todo mi cuerpo, y tengo un corazón que le manda la sangre a todos los órganos como los pulmones que me permiten respirar, y mi boca para hablar y comer, y mi estómago donde llega la comida y luego pasa al intestino, y después otras partes de mi cuerpo por donde sale lo que mi cuerpo ya no necesita.

Los niños y las niñas tenemos algunas partes distintas por eso tenemos sexos distintos: Somos hombres o mujeres.

Los órganos del cuerpo —por donde sacamos la comida y las bebidas que ya no sirven y las echamos en el baño— no debemos enseñarlas a ninguna persona que no sean nuestras mamás. Esas partes son íntimas.

Además del cuerpo tenemos un alma espiritual que nos permite querer a nuestros papás, hermanos y amigos. Además podemos pensar.

El cuerpo y el alma juntos pueden hacer muchas cosas maravillosas como cantar, bailar, fabricar juguetes y aprender en la escuela cosas que nos servirán toda la vida.

Hay una virtud muy bonita que se llama pudor. Es una forma de respetarme para que los demás sepan valorarme como persona.

No todas las personas tienen derecho a preguntarnos cosas íntimas. Por ejemplo, no tenemos por qué contarle a todas las personas lo que hacemos en el baño o lo que hacemos en mi familia. Los que no son de mi familia no deben saber lo que mis papás no quieren que sepan otros. Por ejemplo, las conversaciones privadas que tienen ellos.

Tampoco debo contarles a otros todo lo que hacen mis papás y mis hermanos y mis hermanas cuando están en la casa, pues esas actividades son parte de la intimidad de mi familia.

El pudor me sirve, también, para no platicar lo que no quiero que los demás sepan. Lo que tengo dentro de mi alma, y sólo se los cuento a las personas que me han demostrado que sí me quieren y me cuidan.

Si un vecino, o algún profesor, me pregunta cosas que no le importan no tengo obligación de contárselas. Si alguien me hace ese tipo de preguntas, le diré que primero le vas a preguntar a mis papás para ver si ellos me dan permiso de contárselas.

Nunca hay que jugar a quitarse la ropa o a enseñarles a los demás nuestras partes íntimas, pues hay gente chismosa que van y le platican a los demás lo que les dijimos o lo que les enseñamos, y así todos se van a burlar de nosotros.

Si una persona mayor quiere que vaya con ella a un lugar escondido, donde mis papás no nos puedan ver, debo ir cuanto antes con mis papás y contárselo para que me cuiden y no vuelva a juntarme con esas personas, pues no son buenas, y me puede hacer daño aunque quieran regalarme dulces o juguetes para que me vaya con ellos. Esas son trampas para engañarme.

No permito que otros me acaricien o me toquen las partes íntimas de tu cuerpo. Yo valgo mucho. No soy un juguete para que otros jueguen conmigo.


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