Yo no soy Ayotzinapa

Yo no soy Ayotzinapa. Yo no soy Charlie Hebdo. Yo no soy IPN. Yo no soy yihadista… ni soy muchas cosas más.

La solidaridad se manifiesta en las redes sociales, que son amplificadas por los demás medios de comunicación, con la intención de ganar adeptos para sus causas, pero cuando leo el famoso “todos somos…”, experimento la incomodidad de sentirme presionado a apoyar ideologías y sentimientos que, en ocasiones, no comparto, por lo menos, no totalmente.

Las noticias que recibimos pueden basarse en hechos reales, pero necesariamente están matizadas por la ideología y forma de redactar de un cualquiera.

Cuando aclaro que no soy Ayotzinapa, por poner un ejemplo, no estoy a favor de masacrar a estudiantes inconformes, pero tampoco apruebo a quienes se sirven del estudiantado de las escuelas normales como carne de cañón para presionar con fines políticos partidistas.

Si digo que yo no soy Charlie Hebdo no significa que estoy de acuerdo con el terrorismo violento y fanático. Simplemente que no acepto que una revista se burle de personas, instituciones, ideologías, países y religiones. La libertad de prensa también ha de tener límites.

Las publicaciones satíricas y muchos programas de televisión pueden catalogarse como bullying, que puede incitar a la violencia. Hay una expresión popular que dice: “Ni muy muy, ni tan tan”. La prudencia debe estar presente en toda actividad humana. Sin respeto, todos estamos expuestos a que cualquier loco demuestre de lo que es capaz.

Fuera de las posturas extremistas, no creo que haya quien acepte la violencia como medio lícito para reclamar respeto. Respeto que debe ser la norma básica de convivencia en todo el mundo. Desde mi punto de vista estamos ante dos extremos: los que atacan con textos y dibujos para divertirse, y los que matan con armas de fuego.

 

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