Amor y fidelidad

A veces funcionamos como si la realidad solamente fuera el dinero que tenemos, o que nos hace falta, perdiendo de vista que lo único verdaderamente real y útil es el amor. Si a un ser humano le quitas el dinero te queda un pobre; pero si le quitas la capacidad de amar, no queda nada.

Ese ser humano simplemente desaparece, aunque respire, coma y trabaje. Es un fantasma; una sombra.

En la medida en que vamos disminuyendo nuestra capacidad de amar vamos reduciendo nuestro universo hasta que quepa en un espacio tan pequeño como nuestro cráneo. En sentido contrario, resulta reconfortante descubrir la capacidad que tenemos de reestrenar el amor.

La ciencia del amor es muy distinta de las técnicas para conquistar a alguien, pues un conquistador de corazones puede ser un patán vanidoso y egoísta, en cambio el enamorado es aquella persona que está dispuesta al sacrificio constante en beneficio del ser amado.

Mantenerse enamorado puede ser difícil, especialmente en determinados momentos, incluso, durante largas temporadas.

Por otra parte, es normal que no siempre tengamos la suficiente paz y buen humor para escuchar y atender a los demás, pero incluso esos momentos grises tendremos que exigirnos más pidiéndoles a los otros que nos tengan paciencia para poder proponer un espacio de tiempo y así establecer la comunicación.

El amor auténtico exige la fidelidad, sobre todo en ambientes donde esta virtud no se valora como lo que es: algo positivo, y se le califica como una debilidad, propia de quien no es capaz de atreverse a hacer "lo que todos hacen"...

Hace años, cuando se abrieron las primeras escuelas de artes marciales en nuestro país, recuerdo que un profesor de karate decía que esta disciplina debe tener muy en cuenta la condición física, pues lo primero que hay que hacer ante un posible combate es salir corriendo. Pues pienso que este sabio consejo es aplicable a las tentaciones de infidelidad. De esta forma se pueden evitar muchas torpezas de esas que traen graves y crueles consecuencias.


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