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Más plumas, menos plomo

Ahora mismo México es el tercer país más peligroso del mundo para ejercer el periodismo solo por detrás de Siria y Afganistán. Matar a un periodista es reprobable por el mero hecho de acabar con una vida, pero en estos casos los asesinatos cuentan con mensajes implícitos hacia el resto de la sociedad. En nuestro país, hechos tan simples como pensar, hablar o escribir son peligrosos.


El periodismo es una profesión muy loable y necesaria ya que tener información es el primer paso para poder participar en asuntos sociales. La agenda pública se construye en base a esto y nuestras interacciones cotidianas se enriquecen con la información que consumimos. La sociedad civil, el gobierno y el sector privado necesitamos al periodismo, por eso, el querer censurar ideas es un atentado grave contra todos.  


Matar periodistas es uno de los actos más cobardes que puedan existir, es vergonzoso y abusivo. Dispararle a las ideas refleja una paradoja ridícula: se desea y se exige ignorar. Los que matan le tienen pavor al saber. Pero es precisamente por estas contradicciones que los asesinos siempre pierden, y es que los pensamientos son inmunes a las balas.


Las ideas son tan libres que se encuentran lejos de la pólvora, en un universo abstracto que los cañones jamás alcanzarán. Por eso, aunque se maten periodistas, la esencia de su profesión y de sus vidas sigue vigente. Así, sus palabras se inmortalizan cada que se dispara una bala para recordarnos de manera irónica que nuestras exigencias están más vivas que nunca.


¡Ni uno más! ¡Ni una más!


@aldovaldesl@MoreleandoTrc