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Murmuros

El año comenzó tenso. Si el 2016 nos estremeció, el 2017 pinta como una secuela aún más dramática e impredecible. Además de la incertidumbre económica y política, se pueden sembrar dudas más graves relacionadas con cuestiones de identidad. Llevamos mucho tiempo asumiéndonos como un puente entre América Latina y Norteamérica; ahora esta idea empieza a resquebrajarse. 

De acuerdo a Johan Galtung todas las crisis conllevan riesgos y oportunidades.

Es cierto que México puede sacar provecho de la situación actual y buscar contactos más cercanos con otras regiones, pero no debemos olvidarnos de todo lo que seguimos compartiendo con los vecinos del norte. El discurso hostil viene dirigido desde un segmento muy particular de la población estadounidense, un segmento retrograda, racista y misógino que no representa a la mayoría de aquel país. Estados Unidos y México son mucho más que eso. 

Entre otras cosas compartimos la frontera más transitada del mundo, 3000 kilómetros de ecosistemas, un intercambio comercial que genera 1 millón de dólares por minuto y ciudades hermanas que incluso se abrazan en la toponimia: Laredo y Nuevo Laredo; Nogales y Nogales; El Paso y el antiguo Paso del Norte; hay un Nuevo México y gestos tan cariñosos como el de Mexicali y Calexico. Es obvio que nos conocemos y nos reconocemos, hemos sido vecinos por siglos. 

Obviando a los connacionales que viven en su propio país, Estados Unidos es el lugar con más mexicanos del mundo, pero México es el país con más estadounidenses. Actualmente somos las dos naciones con más hispanohablantes del planeta, los estados que pertenecieron en su momento a la Nueva España siguen pronunciando las eñes. Sin importar si se es gringofílico o gringofóbico, la cercanía cultural es innegable: el lenguaje, la música, la literatura y la gastronomía así lo demuestran. 

Es cierto que ya existe una valla de unos 1000 km entre los dos países, pero la propuesta del muro es mucho más perversa en términos físicos y simbólicos.

Se piensa fortificar el resto de la frontera atravesando desiertos, bosques y montañas. Se piensa construir un monumento a las divisiones y a la estupidez humana. Es triste que revivamos imágenes de Gaza o de Berlín en los años 60, pero retomando a Galtung vuelve el optimismo. La historia nos ha demostrado que los muros caen y no hay muro que pueda detener al lenguaje, a la música, a la literatura ni a la gastronomía. 


Twitter: @aldovaldesl